sábado, 16 de abril de 2016

El Paso de Drake (Parte I): Dónde el infierno cuida del paraiso

Las personas no son extraordinarias, solo deciden hacer cosas extraordinarias, Sir Edmund Hillary

Hoy es domingo, pero poco importa; podría ser cualquiera porque desde ahora el día y la hora no cuentan para el viaje tenemos por delante. El tiempo acaba de detenerse.

Zarpamos desde el muelle de la ciudad de Ushuaia con rumbo 180º Sur, o lo que es lo mismo, nos vamos a la Antártida,
el último continente; el último trozo de tierra en ser descubierto y el único virgen que queda sobre la faz del planeta; el único continente donde no nacen humanos y los pocos que hay, hacen lo que pueden para sobrevivir o incluso para evitar morir. A diferencia de otros viajes que hemos hecho, el único donde es imposible recomendar lugares para comer bien y barato, el paradigma de toda literatura sobre viajes. Tampoco sobre lugares más animados para tomar unas copas o pasear por la noche. Sencillamente no los hay.


La ciudad de Ushuaia (Paralelo 54ºS) es el más auténtico y genuino “fin del mundo”, el destino final de las largas travesías, en la práctica el puerto más meridional de Sudamérica, ubicado muy cerca del Cabo de Hornos y el punto más cercano al antártico; es por tanto la vía de acceso más fácil de las cinco puertas habituales para acceder al continente blanco.

Antártida es un continente peculiar, además del más despoblado e inhóspito y tiene buenas razones para ello. Básicamente y entre otras explicaciones ecológicas, ningún ser humano es capaz de sobrevivir a los -89º de mínima registrados en invierno. Pero otro día hablaremos de la Antártida, hoy no toca.


El aeropuerto de la ciudad de Ushuaia, población desde donde parten las expediciones al Antártico.


Uno de los factores que explican que sea lo que es, es su aislamiento geográfico. No en vano es el único continente completamente separado del resto, sin continuidad física con otras tierras emergidas. Las distancias que la separan son enormes: 3.800km de África, 3000km de Nueva Zelanda y 1000km de Sudamérica. Como decimos, nuestro paraíso blanco se ha conservado bien hasta la fecha porque un extenso anillo de mar se ha encargado de aislarla herméticamente de cualquier contacto exterior, como una maldición bíblica.

Todo relato encierra malas noticias y este no podía ser menos. El anillo protector no es un mar cualquiera; es un castigo, un agujero negro que ha engullido a todo ser humano que ha osado adentrarse hasta épocas recientes. Por eso no fue hasta 1.578, cuando una tormenta obligó a un maltrecho Francis Drake a bordo del Golden Hint, a navegar una parte del endiablado trozo de mar que separa Ushuaia de la Península Antártica. Tras varios días de aventura por la senda del averno, este marino se vio obligado a dar la vuelta de regreso al norte, no sin antes haber bautizado ese mar con su nombre: Paso de Drake, aterrando desde entonces a navegantes del mundo entero.

En el Drake nada es fácil. Si buscas el lugar del mundo más parecido al infierno, sin lugar a dudas es este. Al tratarse del punto de menor distancia entre Antártida y los continentes que la rodean, se produce un efecto ventury o de embudo, acelerando de manera espantosa la velocidad de las corrientes y los vientos marinos, que se multiplican por diez respecto a otros continentes. Si en las agitadas aguas del Estrecho de Gibraltar la experimentada flota pesquera local no sale a faenar con vientos de Fuerza 4, en nuestro caso es imposible una travesía sin picos de Fuerza 10. No existen los días buenos, solo los muy malos y los horribles; en otras palabras: una locura. Los viejos balleneros del S.XIX que frecuentaban esas temidas aguas tenían un lema “Al Sur del Paralelo 40 no existe la Ley. Al Sur del 60, no existe Dios”

El Parque Nacional de Tierra del Fuego, en el Canal de Beagle, es un escenario de paisajes impresionantes y acoge una cantidad de bichos suficiente como para hartar al más ansioso de los mortales.
El puerto de Ushuaia, preparados para embarcar rumbo al sur. Nos han advertido de que habrá tormentas al doblar el Cabo de Hornos, pero ¿realmente es tan aterrador como dicen?

Aunque la historia lo cuenta así, Drake no fue el primero. Un español llamado Francisco de Hoces ya se había paseado por allí mucho antes, en 1.526. En realidad es él el verdadero descubridor y por eso el lugar fueconocido durante un tiempo con el nombre de Mar de Hoces. Sin embargo la historia está escrita en inglés y por ingleses; el nombre del corsario sonaba mejor en aquella época. La gloria quedó para Drake y el mérito para el español, quien para colmo de males no es conocido ni por su propio pueblo, que lo condenó a la oscuridad de los archivos.

Los Albatros Reales y Viajeros (Diomedea epomophora y D. exulans) son las aves marinas de mayor envergadura, con cerca de 3.5m entre las alas. No resulta demasiado facil verlos, ya que hay que salir a mar abierta. Grado de dificultad muy variable, según el estado de la mar.
Pingüinos de Magallanes (Spheniscus magellanicus) en las calmadas aguas del Canal de Beagle. Muy fáciles de ver en las colonias de cría o en el mar (grado de dificultad para observarlos 2).
El Delfín Oscuro (Langenorhyncus obscurus) es una de los cetáceos más fascinantes y acrobáticos de todo el Hemisferio Sur. Es abundante en las aguas del sur del continente americano. Grado de dificultad de observación 6).
Albatros Viajero volando en las cercanías del costado del barco que nos lleva rumbo sur, hacia la Antártida. 

Pero a falta de uno, hubo otro español más, el palentino Gabriel de Castilla, quien hizo el más difícil todavía y esta vez sí logró atravesar por completo el Paso de Drake -o Mar de Hoces- hasta avistar por primera vez las Shetlands del Sur, como siglos más tarde hacíamos nosotros a bordo de nuestro barco. Sin embargo tampoco él llegó a poner pie en tierra, dando media vuelta después de escribir en el cuaderno de bitácora que habían avistado unas cumbres altas y nevadas que no figuraban en la cartografía contemporánea -las Shetlands al fin y al cabo-

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