miércoles, 11 de mayo de 2016

Borneo, Livin La Isla Loca (Parte 1 de 2)

Borneo es un impulso en la inquieta mochila del viajero. Cuando sientas unas ganas incontenibles de subirte a un avión, pero no tengas una idea clara de dónde ir ni por qué, cuando necesites algo diferente, o incluso cuando ni siquiera sepas lo que quieres visitar, entonces Borneo es tu sitio. Irás sin un por qué, pero volverás sabiendo por qué lo has hecho.

Llegado el momento de paramos a pensar a dónde vamos hacer el próximo viaje, lo normal es que tengamos una idea aproximada del destino. Lo más seguro es que llevemos tiempo dándole vueltas a cómo ver una especie o visitar un lugar determinado. Otras veces sin embargo nos sumamos a la invitación de viajar con amigos que ya tienen un plan establecido. Tampoco es raro que nuestro interés se haya desatado por algún documental en TV, algún libro evocador, o simplemente escuchar de viva voz las historias de otros que ya han estado en lugares exóticos. Una vez que la semilla ha enraizado, coger el avión es solo cuestión de tiempo. La mayor parte de los viajes de naturaleza se ajustan a esa regla no escrita, y por eso la mayoría de los grandes viajeros suelen empezar por África.

Pero no siempre es así. Puede que el viaje más memorable surja de forma inesperada; no por una especie o un paisaje concreto, sino el resultado de un impulso, una intuición fuera de la lógica. La isla de Borneo es el mejor ejemplo. A buen seguro que un asomo por Borneo va a quedar en tu colección de los viajes de 24 quilates; será uno de esos que siempre se recuerdan. Lo que verás allí no existe en ningún otro lugar del mundo; nada es lo que esperas en Borneo, nada es vulgar; lo que es excepcional en otros lugares del planeta, allí se convierte en la norma

¿Nos vamos de paseo por Borneo?

Borneo no es uno de los destinos clásicos y convencionales que ofrecen las agencias de viajes al uso. Si aún no tienes claro dónde ir y buscas un país y paisajes diferentes, no lo dudes, este es tu sitio; eso sí, ve preparado para abrumarte por tal cantidad de bichos, que no podrás reconocer la gran mayoría de ellos. Como ejemplo, esta serpiente arborícola nos cayó encima desde algun lugar en las alturas, mientras caminábamos por la jungla y con el correspondiente susto. ¿sábes qué especie es? si es así, cuéntanoslo.

Cuando Wallace se dio ese paseo por la región en 1.854, se percató de inmediato de que estaba ante algo nuevo, fuera de lo común y no tardó en ponerse manos a la obra para registrar en tiempo récord más de 127.000 especies, muchas más de las que había recolectado años antes en la Amazonia. No en vano Borneo es la tercera isla más grande del mundo, atravesada por el Ecuador y seccionada en tres partes: el diminuto Sultanato de Brunei, la Malasia insular (dividida en los estados federales de Sabah y Sarawak) y la parte indonesia: Kalimantan. Está bañada por el Mar del Sur de China (South China Sea), que lo aísla del continente asiático y el Mar de Sulu (Sulu Sea), que lo separa de la vecina Filipinas. Su altitud máxima es el Monte Kinabalu, de 4.100m, en el corazón del fascinante Parque Nacional que lleva el mismo nombre. El carácter insular, rodeada por mares tropicales y la posición ecuatorial, se combinan para regalarle la que tal vez pueda ser la mayor explosión de vida salvaje del sudeste asiático. Dejando a un lado la destrucción de hábitats que conlleva la mano humana, todo en la isla es (o debiera ser) selva tropical, bañada por ríos y manglares de una exuberancia difícil de encontrar en otros lugares. Obviamente, su aislamiento geográfico ha originado que las especies de flora y fauna poco tengan que ver con las del continente y más aún con las del resto del mundo. Si buscas lo más friki y bichos raros, desde luego este es el mejor destino.

Los malayos de Borneo son  gente amable y muy abierta. Se componen de un crisol étnico considerable, destacando filipinos y chinos. La gente de las zonas costeras y fluviales vive en, por y para el agua, construyendo sus casas en forma de palafitos y plataformas flotantes. Son alegres y bulliciosos, al igual que la mayor parte de las poblaciones ecuatoriales.

El gran problema que nos encontramos cuando viajamos a Borneo es escoger qué parte vamos a visitar. Conocer una isla tan grande queda fuera del alcance de la mayor parte de los viajeros por tiempo y dinero. De nuevo, como siempre, tenemos que priorizar. Y no es fácil; hay tanto que ver, como las distancias que lo separan.

Si bien Kalimantan es mucho mayor en extensión (el 60% de la superficie de la isla), hay coincidencia de opiniones en que el lado malayo está mejor conservado y las distancias para moverte son menores, convirtiéndolo en el lugar idóneo para una escapada. Si lo que el viajero quiere conocer es el lado etnográfico, entonces no hay duda: Sarawak es el destino con letras mayúsculas, empezando por los célebres cazadores de cabezas y seguidas de otras 21 etnias diferentes que pueblan el territorio: Iban, Kelabit, Melanau... Si por el contrario es la fauna salvaje la que inclina nuestra balanza, posiblemente en Sabah aprovecharemos mejor el tiempo. Así al menos nos lo recomendó CeeKay Leong, nuestro “hombre desplegado sobre el terreno”. CK es un ornitólogo de origen chino que trabaja en la isla desde hace años, enormemente experimentado y un guía de excepción para cualquier experiencia tropical en la región.

C.K. Leong es nuestro guía en la Isla Loca, Borneo y qué duda cabe que para un lugar como este, realmente necesitas uno bueno para no perderte entre tanta riqueza natural. De los mejores expertos en la fauna de la región y además, muy buena gente, que es lo importante. Un máquina moviéndose en la selva, hasta el punto de ser el único de la expedición a quien no le acribillan las odiosas sanguijuelas tigre.
Pocas veces se pueden tener tantas dudas a la hora de diseñar el itinerario de un viaje. Si vamos a Kenia, la ruta viene casi hecha de fábrica: saliendo de Nairobi capital, pasamos primero por Monte Kenia o Aberdares, para luego dirigirnos al Mara, Nakuru, Amboseli y terminar en Samburu o el P.N. Nairobi; así sucede con la mayor parte de los destinos más o menos obligados convencionales. Sin embargo la gran isla ofrece demasiadas cosas y lugares que puedes considerar obligados y no están incluidos en los menús de las grandes agencias; de hecho la isla en si no está en el menú de las agencias convencionales. La duda no es tanto, qué ver, sino qué dejar fuera.

Los manglares de la región de Kinabantangan se encuentran estrictamente protegidos por el gobierno malayo. Acogen a la población de mono narigudo más importante, además de muchas otras especies. Lugar obligado si vienes a Borneo. No se te ocurra perdértelo.

Los paisajes borneanos nada tienen que ver con el resto; bueno, lo cierto es que aquí nada es como en otras partes. Los bosques están monopolizados por una única familia, compuesta por unas 12.000 especies: las Dipterocarpas, los árboles más altos del planeta, que convierten a estas formaciones en auténticas catedrales de la vida. Se ha calculado que solo 10 hectáreas de selva de esta isla albergan más especies de árboles que todo Norteamérica. Es también el reino de las orquídeas, con más de 2.500, entre ellas la más diminuta del grupo. Por contra las selvas de otras regiones vienen a ser un cóctel de especies pertenecientes a muchas familias diferentes.

No sabemos qué marca de orquidea es esta, pero al parecer se trata de la mas diminuta de cuantas existen. Se encontraba en el Parque Nacional del Monte Kinabalu, un paraiso para la flora.

Pero si algo levanta pasiones en Borneo, es la fauna. Quien viaje buscando bichos tendrá la sensación de que aquí la evolución ha querido gastarnos una broma pesada, como apuntaba Wallace. Las criaturas isleñas tienen un aspecto intrigante y estrambótico, como si los animales del Arca de Noé se hubieran entregado a una noche loca, en la que todos se han acostado con todos. Es la tierra donde los monos disfrutan buceando, los peces andan sobre el barro, las plantas cazan lagartijas y las flores tienen el tamaño de un niño; los ciervos encogen hasta el tamaño de una liebre, las lombrices se alimentan de sangre humana, los conejos trepan a los árboles y vuelan por las copas, los elefantes se hacen enanos y los escarabajos se convierten en gigantes, los cangrejos parecen sartenes, los zorros se disfrazan de murciélagos, las larvas parecen trilobites y las serpientes nadan en el mar; las aves han cambiado el cielo por el suelo y las ranas, lagartijas, salamanquesas, serpientes y ardillas, vuelan libres por el cielo. Es el mundo al revés, pura locura, pero en fin, así es Borneo ¿quién querría perderse algo así?

Hay varias cosas que no te puedes olvidar si vienes aquí. Una de ellas es el bikini y la crema protectora, para disfrutar de sus afrodisíacas playas. La otra es una buena guía de pájaros y otra de mamíferos, porque las vas a necesitar.
Para empezar nuestro viaje a Borneo, te voy a proponer un ejercicio de imaginación. Deja la mente en blanco y piensa en cinco especies de primates de cualquier parte del mundo, no importa cuáles, solo tienes que pensar en cinco antes de seguir leyendo. Tómate tu tiempo... ¿las tenemos ya?... Vale.

Ahora veamos cuáles has escogido. La estadística dice que probablemente has pensado en el gorila y el chimpancé y tal vez también en el orangután; si es así, buena elección. Solo 3 de cada 10 personas se habrán acordado del gibón y prácticamente nadie ha pensado en el mono más friki del grupo: el mono narigudo o násico (Nasalis larvatus). Sin embargo para muchos el narigudo es la auténtica joya Borneo, ya que reúne todos los requisitos para ingresar en selecto club de las especies más emblemáticas y amenazadas del planeta. No es solo su aspecto; también porque ningún ser humano ha logrado mantenerlo vivo en cautividad. Es el mayor de los colobinos, con un peso de hasta 23kg, aunque las características más llamativas son una nariz grotesca en los machos, que tiene como finalidad atraer a las hembras y el tamaño desmesurado de su panza, que les da la apariencia de estar todos embarazados. Los nativos lo llaman “Orang Belanda” o lo que es lo mismo “holandés”, por su similitud con los primeros europeos que llegaron a las islas, panzudos, rubios y con narices prominentes. Curiosamente la panza “europea” de los narigudos guarda un enorme parecido con la de los rumiantes, con varias cámaras y bacterias digestivas especializadas en extraer la máxima energía de su alimento, pobre en nutrientes y de digestión lenta.

¡¡A ha!! Y por fin ahí lo tenemos; un poco descarado y sobrado, pero ahí está el artista. El mono nariguno (Nasalis larvatus), una de las joyas indiscutibles de la corona. Una vez allí es fácil de ver (Grado de dificultad 3), pero hay que llegar, lo que tal vez es el mérito. Son divertidos, descarados, macarras, bulliciosos y estrambóticos.  ¡No te los puedes perder!

La distribución mundial de los “holandeses” se reduce a unos pocos kilómetros cuadrados de manglar virgen en la isla, donde se han ultra especializado en alimentarse de las hojas de unos pocos árboles del entorno. Su vida transcurre entre las copas y el agua, en bosquetes separados por un laberinto natural de canales. Una vez que el grupo familiar ha consumido las hojas de una parcela, los monos han de cruzar a nado hasta la siguiente, para lo cual se encuentran perfectamente adaptados, incluyendo un exclusivo diseño de pies semipalmeados, único en los primates. Aunque la hora del baño hace las delicias de los pequeñajos, los mayores se enfrentan a su peor pesadilla: ¡cocodrilos! Pero los násicos no solo han aprendido nadar y a veces hasta bucear, sino que también se las arreglan para no despertar la atención del depredador; cuando nadan lo hacen ordenadamente al más puro estilo ninja, en fila india y sin chapotear.

Los narigudos están activos durante el día. A pesar de su tamaño y las dimensiones de su panza, son ágiles y no dudan en realizar saltos imposibles para desplazarse entre los manglares. Más vale que no fallen, porque si caen al agua, el resto de su historia la escribirá el cocodrilo.

Son varias las amenazas que se ciernen sobre estas extrañas criaturas, la mayor parte de ellas derivadas de la pérdida de hábitat. A ellas se suma también el dichoso cambio climático, que ha aumentado el caudal de los brazos de agua entre bosques y con ello las distancias que han de atravesar a nado. Esto a su vez ha incrementado los índices de depredación hasta niveles preocupantes para la viabilidad de la población. Para corregirlo las autoridades han tirado de ingenio, tendiendo sogas de lado a lado de los canales, para que orangutanes y narigudos eviten nadar en zonas de alta densidad de cocodrilos. Pero nunca llueve a gusto de todos y el éxito de esta iniciativa ha sido tal, que al final han sido los cocodrilos quienes casi han desaparecido de la región del Kinabantangan, por falta de presas. La pérdida del particular servicio de limpieza proporcionado por los reptiles, ha conllevado el deterioro de la calidad de las aguas de los manglares y al final todo se ha complicado. Después de muchísimos quebraderos de cabeza, se ha adoptado una solución salomónica eliminando dos de cada tres sogas de las colocadas inicialmente, lo que por el momento parece tener contentos tanto a monos como a cocodrilos.

Por suerte podemos observar narigudos en los espectaculares manglares del Río Kinabantangán (5°N, 47' 00'') y su tributario el Mennangul, en la región boscosa de Sukau (5°30'29.29''N/118°16'56,63''), donde todavía es fácil fotografiarlos.

El narigudo es otra de esas selectas especies que no podrás observar en un zoológico; su supervivencia discurre por el mismo sendero que los hábitats que ocupan, prisionero de su propia especialización e indefenso ante un futuro incierto, así que esperemos que les vaya bien en adelante ¿aún sigues pensando que los narigudos no merecen estar en esa lista de los cinco primates más destacados?
Pero hay vida más allá de los narigudos y los manglares también acogen una fauna destacada y lo que es aún más interesante: fácil de ver. Además de los cocodrilos (Cocodrilus porosus), abundan los anfibios, serpientes, varanos, macacos y langures, calaos y una ingente cantidad de fauna imposible de detallar en pocas líneas. No he visto ningún lugar mejor para observar al esquivo búho pescador (Ketupa ketupu), que alcanza densidades más que interesantes.

Otra canasta de tres puntos. Es el búho pescador Ketupa ketupu, otro de los atractivos para los ornitologos. Es algo así como un "especial para ansiosos". Grado de dificultad 7. Para verlo lo mejor es hacer recorridos nocturnos en canoa con focos, entre los manglares de Kinabantangan. Su densidad allí es tan alta, que es posible verlos también cerca o en el interior mismo de los poblados.

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