miércoles, 18 de mayo de 2016

Borneo, Livin La Isla Loca (Parte 2 de 2)

¡¡¡Sanguijuelas!!!
Debemos aceptar deportivamente que lo que la mayor parte de los viajeros busca en estas tierras es el Orangután (Pongo pygmaeus), que solo vive aquí y en la vecina isla de Sumatra (Indonesia). Su nombre indígena Orang-utan significa “los hombres de los árboles” y al mirarlos a la cara de cerca, es fácil entender que los locales no se quebraron mucho la cabeza para bautizarlos.

El nombre oranguntán significa "hombres de los árboles". No es difícil comprender por qué al mirar esta fotografía, tomada en la reserva de Sepilok, en Sabah. El grado de dificultad para observar un orangutan rehabilitado aquí es 0. Se ven seguro. Verlo totalmente salvaje es una canasta de tres puntos (Grado 7).
A diferencia de otros póngidos, llevan una vida solitaria y en constante movimiento, cambiando el nido y recorriendo grandes distancias de un día para otro. Por eso ver un bicho de estos, puntua más alto que gorilas o chimpances, cuyos territorios suelen ser fijos y los grupos familiares bulliciosos y fáciles de localizar. Si quieres ver "gente de los árboles" con seguridad, te recomendamos que te asomes por los núcleos de liberación de huérfanos y heridos, como los sobradamente conocidos de Malasia: Sepilok (Sabah), Matang (Sarawak) e Indonesia (Kalimantan): Nyaru Menteng y Tanjung Puting. Los centros de aclimatación se han popularizado, atrayendo visitantes de todo el mundo. Hay sectores críticos a quienes no les parecen bien este tipo de instalaciones, porque dicen que es mejor invertir el dinero en conservación más directa y no gastarlo en hospitales para primates, mientras la asistencia médica a las personas en la zona no está garantizada. Pero las evidencias han hablado y hoy se acepta de buen grado el papel de los centros, por tener bastante éxito en la readaptación al medio de los muchos huérfanos que se rescatan cada año, además de proteger las selvas frente a furtivos y explotaciones madereras ilegales. No olvidemos que los centros se sufragan con los ingresos procedentes de los visitantes y que además realizan una importantísima labor educativa.

Verlos así en la selva es algo más complicado, porque cambian de nido cada día y se desplazan grandes distancias en silencio y en solitario. 
Ver orangutanes re-adaptados es una experiencia muy recomendable que no desmerece en absoluto y no debes perderte. Pero rastrearlos en estado salvaje y en su propio medio es otra historia bien distinta y para eso sí necesitamos que la suerte juegue en nuestro campo. Con ese objetivo nuestros pasos nos llevaron hasta el mítico Danum Valley (4°57'54.34''N/117°41'25,71''), un sitio bastante parecido al paraíso. El día que entrábamos en el valle, nuestro guía CK nos dijo: “chicos, bienvenidos al Edén”. Después de haber conocido las selvas ecuatoriales sudamericanas, africanas y asiáticas, creo que el Danum se ha ganado la medalla de oro olímpico en la disciplina de bosques primarios mejor conservados. He estado dándole mil vueltas a la cabeza para describirte cómo son estas selvas y al final, sinceramente lo mejor que puedo hacer es ni siquiera inventarlo; no estoy a la altura, pero me temo que tampoco lo estarían los escritores de verdad. Me quedo con que mis ojos no verán un bosque tan mágico en lo que me queda de vida.

El Danum acoge a todos los frikis voladores del mundo animal: ardillas, ranas, serpientes, salamnquesas y lagartijas; pero también una interminable lista de monos (incluyendo los tarsios y los loris), liebre voladora, zorros voladores, rapaces, calaos, Pittas, insectos (incluyendo al espectacular escarabajo rinoceronte gigante) y, no podía ser menos, hasta el elefante, la pantera nebulosa y los últimos rinocerontes de la isla (Dicerorhinus sumatrensis) que solo subsisten ahí y en la cercana reserva de Tabin, ambas en Sabah. Pero también es el hogar de los bichos más repugnantes, aunque quede feo decirlo en un blog que se supone debe hablar maravillas de todas y cada una de las criaturas de la creación. Pues no, son repugnantes y odiosas, seamos sinceros. Hablamos de las sangujuelas tigre ¡qué hartura! No hay mucho problema con las marrones, porque al menos ellas solo quieren tu sangre; pero las tigre pegan unos bocados muy dolorosos y producen fuertes hemorragias. Quitárselas no es tarea fácil y en ocasiones es necesario un cuchillo. Lo más desagradable es ver cómo se hinchan con tu propia sangre, mientras tú te desesperas. Solo hay una buena noticia; como vas con tus amigos no tienes por qué fingir que eres el gran héroe de la selva: ¡permitido gritar! Un día después de que las tigre nos taladrasen como si fueran Drácula, fuimos al bar de un pueblo cercano a darnos un respiro y calmar los nervios. Al rato de llegar y tomar unas cervecitas, quise ir al cuarto de baño para aligerar sitio y poder tomar otras cuantas más ¿sabes lo que había en el urinario esperando pacientemente para lanzarse sin pieded sobre las partes desnudas y vulnerables del viajero más desprevenido? Mira la tercera foto de abajo. De repente se me quitaron las ganas de beber más cerveza.

Sanguijuela Tigre (Haemadipsa picta). Al principio nos parecían preciosas. Cuando nos han desangrado a mordiscos, ya no tanto.

La sanguijuela trató de cebarse en el cuello, pero por suerte CK nos la quitó al momento sin darle tiempo a inflarse. No solo te roban una buena cantidad de sangre que licuan con su saliva antiguagulante; los mordiscos son punzantes y dolorosos. Por desgracia, la probabilidad de que te caigan desde un árbol en el Danum Valley son todas. No te prepares para evitarlas (no puedes), sino para quitártelas rápidamente.

Había tomado unas cervezas y necesitaba ir al baño con cierta desesperación, pero cuando estaba a punto de ejecutar la acción me percaté de una extraña presencia hostil. ¡Mírala! Ahí estaba la sanguijuela, esperándo a su presa ¿te imaginas por un momento lo que podría pasar? Qué horror para arrancarla.

A los Macacos (Macaca nemestrina) les toca el papel de macarras de la selva. Si alguien ha hecho algo malo o ha causado alguna trifulca, puedes apostar a que han sido ellos. Grado de dificultad 4.

Los rastreadores del Danum son gente de otra pasta, dotados de un sexto sentido para detectar cualquier criatura de la selva, pero como ellos mismos dicen pueden pasar semanas enteras sin cruzarte con un orangután, porque son espíritus caprichosos, curiosos pero a la vez escurridizos y si han tenido alguna experiencia desagradable con los humanos, lo más probable es que nunca se dejen ver. Solo si la curiosidad supera al miedo, bajarán de los árboles para cotillear. Y así precisamente sucedió aquel día; cuando estábamos cruzando un arroyo nuestro guía local Isnadil nos mandó callar y agacharnos apresuradamente entre los helechos. A los pocos segundos una preciosa criatura se descolgaba boca abajo sobre nuestras cabezas, asomándose entre las ramas para vernos de cerca. Poco había que decir en ese momento. El bicho se sintió a gusto entre nosotros durante un buen rato, mirándonos con la misma curiosidad y asombro con que nosotros le mirábamos a él, hasta que decidió marcharse por dónde había venido, regresando a la seguridad de las alturas a más de 70 metros sobre el suelo. Ha sido el orangután que hemos visto más cerca y el que más nos ha impactado.

Un colugo o liebre voladora (Cynocephalus variegatus) en Danum Valley. La foto es mala, hay que reconocerlo, pues no es fácil hacer hacer fotos en la selva y mucho menos encontrarlo. Su camuflage es perfecto y apenas se mueven (Grado de dificultad 8).

El Calao Rinoceronte (Buceros rhinoceros) es una de las super canastas de tres puntos de la Isla Loca. Hacen tanto ruido al volar, que no hace falta que te molestes en buscarlos. Cuando vayas por la selva y oigas un enorme estruendo de alas, simplemente mira hacia arriba. Es el Jumbo de la selva. Grado de dificultad 6.

Un juvenil de salamnquesa voladora de Horsfield (Ptychozoon horsfeldii). No sabía ni que existía, pero bueno, ahí está. Fíjate en sus dedos palmeados. Cuando vuelan no parecen salamanquesas, sino pájaros. Están por todas partes. Ésta en concreto comía mosquitos tranquilamente en la pared de mi cama. La dificultad para verla en el Danum Valley es 0.

Otra de las incontables joyas de Borneo, el escarabajo trilobite (Duliticola paradoxa). Esta es una hembra, y reciben el nombre porque retienen la forma larvaria tan semejante a los ya extinguidos trilobites de verdad. Son relativamente fáciles de ver en la selva (Grado 6), pero has de buscar bien o mejor aún, llevar un buen guía que lo haga por ti. Mejor lo segundo :-)

Si estás esperando que te diga qué rana es ésta, me temo que voy a decepcionarte. No tengo ni la más remota idea. Si tú lo sabes, dínoslo por favor. Hay cientos de especies que se escapan al control y lo mejor que se puede hacer en Borneo en estos casos, es guardar el cuaderno y el boli y solo disfrutarlo. 

Paseando con nuestro guía Isnadil por las pasarelas aéreas del Danum Valley en busca de orangutanes a 80m de altura. Si no tienes mucho vértigo, es una experiencia imperdible. 

Esta ardilla del Monte Kinabalu (Callosciurus sp) es otro de tantos bichos que solo podrás observar en Borneo. Habitan las selvas nubladas del parque nacional y no dudan en acercarse a los visitantes.

Los Agamas son otro grupo típico de la isla. Esta Agama Verde (Brontochocoela cristaella) es la más fácil de ver de todas ellas y es posible verlas por todas partes, incluyendo casas y jardines.
Otra de las joyas del valle son los Gibones de Müeller (Hylobates muelleri). Los gibones son de menor tamaño que los hombres de los árboles y junto con gorilas, chimpancés, bonobos y orangutanes, conforman el grupo de los póngidos o antropoides. Todos tienen en común unos brazos extremadamente largos y la ausencia de cola, y como es bien sabido, son la rama evolutiva más próxima a la nuestra.

El Gibón (Hylobates muelleri) es otra de las especies estrella de la isla. Son los monos acrobáticos por excelencia y la mejor atracción de deportes de riesgo que el mundo salvaje pueda ofrecernos. Grado de dificultad en el Danum Valley 4.

El sonido de Borneo es el sonido de sus gibones; para los locales es el canto del bosque cuando está contento y cuando el gibón calla, es porque el bosque está triste. Tal vez no sean ni los primates más llamativos, ni los más buscados por el viajero, pero son unos acróbatas adictos a los deportes de riesgo. Los trapecistas del bosque viven en parejas o grupos familiares pequeños, siempre en las alturas y siempre involucrados en cualquier tipo de pirueta imposible y arriesgada. Los puedes ver saltando al vacío con 30 metros de caída libre, para aterrizar de manera inverosímil sobre la minúscula ramita en un árbol vecino. Produce escalofríos verlos desafiar a la gravedad, disfrutando al jugarse la vida colgándose con un solo dedo de ramas que van a romperse de un momento a otro. De hecho la principal causa de muerte de los monos kamikaze, son las caídas por rotura de ramas o errores de cálculo en los saltos y según comentan los científicos, un porcentaje nada despreciable de ellos ha sufrido aparatosos accidentes de los que han sobrevivido de milagro.

La misma serpiente que nos cayó de las copas de los árboles, tratando de esconderse entre la ropa de nuestra amiga. ¡Caminando por la selva debes estar preparado para que te caiga cualquier cosa!

Pero Borneo esconde algo más que selvas alucinantes. En una ocasión nos entreteníamos observando a un equipo de filmación alemán, que rodaba planos para un documental de naturaleza. El presentador se enfrascaba una y otra vez la misma escena, con la cámara siguiéndole mientras decía en inglés “Cuando hablo de Borneo, todos imaginamos frondosas selvas y orangutanes colgados de sus ramas, pero lo que poca gente sabe es que encierra un tesoro aún más importante debajo de sus aguas” una vez dicho esto, la cámara se alejaba del primer plano de la cara del solemne locutor, dejando ver una playa digna del mejor anuncio de agencia de viajes, con arena blanca, arrecifes coralinos e idílicas aguas turquesas bañadas por un sol tropical; dicho en nuestro lenguaje, es la típica playa con la que siempre soñaste para perder tu virginidad en una noche de verano. El equipo de rodaje no había escogido mal el sitio para mostrar esa “cara oculta” de la isla; pero nosotros tampoco. No en vano hablamos de Selingan Turtle Island, un santuario convertido en parque nacional, que garantiza la protección de las dos especies de tortugas que acuden en masa cada año para reproducirse. Es una iniciativa muy interesante, abierta a la participación de visitantes como nosotros, en la que se vigila cada hembra mientras efectúa la puesta, se colectan los huevos que se incuban en cautividad y se liberan una vez eclosionadas. Selingan se encuentra entremezclada con las islas filipinas más occidentales.

Las palabras del presentador de aquel documental “When I say Borneo....” no eran ajenas al conocido como “Triángulo de Coral” donde se concentran las tres cuartas partes de las especies coralinas de todo el mundo, seis de las siete tortugas marinas y más de 2.000 peces del coral. Este lugar, conocido también como “el Amazonas de los Mares”, se limita al espacio definido por Filipinas, Indonesia y las Islas Salomón, en cuyo interior se encuentra nuestra isla loca. Cualquier especie tropical marina que se pase por la mente, cualquier tiburón, cualquier pez, cualquier arrecife, cualquier inmersión de película, si existe, la encontrarás bajo sus aguas.

Borneo se encuentra en mitad del conocido como "Triángulo de Coral". Una Serpiente Marina (Laticauda colubrina) en la isla de Pulau Tiga, famosa por ser el escenario de programas y documentales de playas paradisíacas del Mar del Sur de China y Mar de Sulu. Grado de dificultad 6.

Un día, ya cercanos al final de nuestro viaje y mientras desayunábamos en una cafetería de Sandakan, en el Mar de Sulu, alguien en la barra del bar decía que hablar de Borneo es igual que comer patatas fritas, una vez que empiezas, no puedes parar. Aquel hombre de aspecto oriental no podía estar más en lo cierto. Son cientos, o mejor dicho, cientos de miles, las especies y paisajes que no pueden obviarse, pero cuando apenas hemos mencionado la punta del iceberg, ya nos hemos quedado sin tiempo y sin espacio para seguir escribiendo. Serían necesarias muchas más páginas para tener una mínima idea de lo que es aquello, pero es mejor ir y verlo con tus propios ojos, sin que nadie te lo cuente; cuando estés allí entenderás por qué te lo digo.

Pero Borneo también sabe llorar y en ocasiones sus lágrimas enmudecen a los alegres y alocados gibones del bosque y a las travesuras de los monos narigudos. Si lees esto posiblemente tienes cierta sensibilidad por los temas medioambientales y tal vez, hasta seas una de esas personas que reciclan residuos y practican un consumo responsable. Antes de este viaje, yo hacía esfuerzos por pagar unos biocombustibles menos contaminantes y de costes más elevados, en aras de la supuesta protección del medio ambiente. Cuando llegamos a la isla contemplamos con desolación las enormes extensiones de selva virgen que habían sido destruidas, bajo el pretexto de plantar palmeras para extraer de sus dátiles un codiciado combustible “ecológico” para vehículos de países civilizados como el nuestro. Cientos, miles de kilómetros cuadrados de bosque primario son cruelmente aniquilados en pocos segundos, con la excusa de satisfacer nuestras conciencias ambientales. Gibones, macacos, orangutanes y elefantes son expulsados de sus tierras para plantar palmeras, mientras nosotros dormimos engañados pensando que estamos salvando al planeta. Es la paradoja de la gran mentira.

Aún queda vida en Borneo para disfrutarla. Para bien o para mal, las selvas y corales mejor conservadas están en manos privadas. Hoy por hoy, los propietarios de puntos vitales como el Danum Valley o los manglares de Kinabantangán, han comprendido que sus bosques bien merecen una oportunidad y han encontrado en el turismo de naturaleza una fuente de recursos que ha evitado su destrucción,...al menos por el momento. No sabemos por cuánto tiempo, pero sí sabemos que este balón de oxígeno mantendrá viva a la Isla Loca mientras haya viajeros que se estremezcan con el canto del gibón, la panza del narigudo o la curiosidad del orangután.
En fin, así es la Isla Loca.

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