martes, 3 de mayo de 2016

El Paso de Drake (Parte IV y última)

¡¡Hemos sobrevivido al temible Drake y llegamos por fin a la Antártida!!

Las islas Shetlands del Sur son la antesala a la Península Antártica y albergan una cantidad de vida tan impresionante, que ni los balleneros y exploradores de etapas anteriores lograron exterminar. En esta imagen los pingüinos de Adelia (Pygoscelis adeliae) se reproducen el la Isla Gourdin. Junto con los Emperadores, son las dos especies más puramente antárticas de todos los pingüinos. El Adelia no lleva bien los efectos del cambio climático, a diferencia de otras especies (Grado de dificultad 5).
Además de albatros de hasta cinco especies diferentes -real, viajero, oscuro, cabecigrís y ojeroso-, se dejan ver otras aves propias de estas regiones remotas: petreles gigantes, del cabo, de mentón blanco, varios priones y paiños... Todos ellos pertenecen al grupo de los Procelariformes, un grupo muy selecto de aves marinas que evolucionaron en el hemisferio Sur y que encuentran aquí su particular Nirvana. Por el contrario el Hemisferio Norte fue colonizado por un grupo diferente -las gaviotas- menos abundantes en aguas australes. Por eso, para los fanáticos de los Procelariformes -que los hay a patadas- es mejor ir comprando todas las pastillas para el mareo que puedas pagar y alguna botella de algo fuerte para hacer más llevadero este mar tortuoso. Podemos apostar que Drake, Hoces y Gabriel de Castilla llevaban en sus bodegas también algún remedio alcohólico de este tipo, porque con toda seguridad sus barcos no eran mejores que el nuestro.

Al cabo de los dos días de navegación alcanzamos el Paralelo 60º Sur, que marca la frontera de entrada a las aguas antárticas según los convenios internacionales. Hemos dejado el reino subantártico y aunque bastante mareados, ya somos antárticos. Desde ahora en adelante y según el Tratado Antártico suscrito por la mayor parte de los países civilizados, no se pueden eliminar residuos por la borda, ni siquiera los orgánicos, ni tampoco pueden adentrarse buques grandes, ni aquellos que no utilicen los denominados combustibles marinos -más ecológicos-. Las aguas se han calmado, los albatros han desaparecido y la fauna cambia por completo, tanto en aves, como en mamíferos marinos. Ahora son las focas Weddell y cangrejeras, orcas, rorcuales comunes y norteños y las ballenas jorobadas los mamíferos marinos más abundantes. Los pingüinos barbijo, Adelia y papúa, el fulmar austral, petrel antártico y el de las nieves, sustituyen a los albatros. Los bancos de krill flotan en la superficie del mar en cantidades difíciles de cuantificar, haciendo de este lugar el punto del planeta con mayor masa viva concentrada. Si hubiera que escoger una palabra para definir todo esto, tal vez la más adecuada sería vida.

Es mediodía del miércoles, aunque de nuevo tampoco importa ni el día ni la hora, pues la luz del día es casi permanente en estas latitudes tan australes. Suena la sirena del MV Ushuaia, por fin la esperada noticia ha llegado; nos encontramos muy cerca del paralelo 60 ¡¡primer Iceberg a la vista!! El gigantesco cubo de hielo nos da la bienvenida a las islas Shetlands del Sur, la antesala del último rincón virgen que aún queda en el planeta.
El león marino antártico (Arctocephalus gazella) se encuentra restringido a la región antártica. Su grado de dificultad es bajo, como casi toda la fauna del lugar. Lo verdaderamente difícil es llegar hasta allí, pero una vez que lo hemos logrado, solo hay que disfrutar. Grado de dificultad 3.
El archipiélago de las Shetlands del Sur pudo al fin ser pisado por primera vez por un ser humano, William Smith, en 1.819. Dista unos 120 km de la Península Antártica y alberga la mayor parte de las bases científicas polares, entre ellas las dos españolas. Las Shetlands son una explosión de vida salvaje. Lo conforma un conjunto de islas e islotes abarrotados de bulliciosas colonias de pingüinos de varias espcies, petreles gigantes, focas, elefantes marinos, lobos marinos, págalos polares, palomas y cormoranes antárticos, sumando por cientos de miles el número de individuos. El espectáculo impresiona tanto como el ruido y el olor a aceite de pescado podrido, procedente de las deyecciones de los pingüinos.
Bulliciosos, macarras, folloneros y pendencieros. Esta es la fama que los pingüinos papua (Pygoscelis papua), tienen en la región antártica. Sus poblaciones están aumentando, ya que la especie de krill de la que se alimentan, se ven favorecidas por los cambios globales climáticos; bueno, al menos por el momento. Grado de dificultad  1. Chula la foto ¿verdad?
Atravesando el angosto Estrecho de Bransfield, enfilamos al fin el tramo final del viaje. Antártida ya está al alcance de la mano, ha dejado de ser un sueño para convertirse en realidad. No son muchas las personas que tienen la inmensa fortuna de pisar el último Edén, aunque para ello hayamos tenido que atravesar su peculiar infierno.
Cinco siglos después la base española en Isla Decepción, archipiélago de las South Shetlands, lleva el nombre de Gabriel de Castilla, en homenaje al primer o uno de los primeros humanos insensatos que cruzaron la totalidad del Drake, sin siquiera ser conscientes de lo que habían conseguido.
El barco frente a una colonia de pingüino barbijo (Pygoscelis antarctica), donde hemos desembarcado con las zodiac, el vehículo por excelencia para manejarse entre los témpanos e icebergs. Grado de dificultad 4.
Lo que es Antártida en la actualidad se lo debemos en gran medida a ese paso infernal, al Drake, quien lo custodia con el celo con que una madre protege a la cría. Mientras esté ahí, el Continente Blanco seguirá estando a salvo de nuestra rapiña, al menos relativamente. Desde que hicimos este asombroso viaje, hemos aprendido a respetar -y admirar- a los marineros que llevan un pendiente en el lóbulo de la oreja izquierda. Tienen razones para lucirlo.
Un viaje a Antartida es una de esas experiencias que no se olvidan facilmente. El Paso de Drake se ocupa de ello. Una vez alcanzado el Continente Blanco, hay que atravesar el angosto Paso de Bransfield, que separa la península de las Shetlands. No es una navegación fácil.
Pero la aventura todavía no ha acabado. Tenemos otra mala noticia: una vez terminada nuestra aventura antártica, hay que volver sobre nuestros pasos rumbo Norte, de regreso a casa, o lo que es lo mismo,

¡¡HAY QUE VOLVER A CRUZAR EL DRAKE!! …

...pero eso, eso será otra historia.

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