domingo, 8 de mayo de 2016

¡Es cuestión de suerte!

¡Es cuestión de suerte!

Para ver bichos la primera condición obvia e indispensable es viajar. No se puede ver un gorila de montaña desde el sillón de casa; no si además de verlo, nos despierta la curiosidad por saber a qué huelen sus constantes flatulencias, o lo que se siente cuando amaga una carga y sus 200kg de pólvora animal se te vienen encima.
La tele no nos puede dar eso.

Pero si hay algo que el viajero de bichos por el mundo -o trotabichos- conoce bien, es que solo con viajar no es suficiente.
Encontrar incluso la especie más sencilla, puede convertirse en una aventura intrépida e inalcanzable.

El chacal de lomo negro (Canis mesomelas) es el carnívoro más fácil de ver en muchos parques nacionales africanos, con un grado de dificultad 2. Son un componente imprescindible para cualquier safari. Estos cachorros se acercaron a nosotros con enorme curiosidad.

Hay gente, por suerte no mucha, que está tocada por el ángel de la buena suerte. No importa lo que hagan, porque ellos lo ven todo, aunque no lo busquen y además sin necesidad de remangarse. De esta gente me niego a hablar, básicamente por envidia insana. Se merecen lo peor ;-)

Luego están las personas normales, como tú y como yo,..., que es el grupo donde nos encontramos el resto de los mortales. Nosotros tenemos que currárnoslo bien, pero no para ver bichos, sino para intentarlo.

No hay muchas empresas especializadas de confianza que puedan garantizar la observación de “tu bicho”, aunque le des la vuelta al mundo para encontrarlo. Nos dicen que es cuestión de suerte, recurriendo al tópico "right time, right place” o lo que es lo mismo, hay que estar en el momento justo y en el momento oportuno. De hecho, mi consejo es que desconfies de las empresas que aseguran probabilidad total, puesto que o bien es mentira y solo quieren tu dinero, o bien es cierto, pero las condiciones son muy controladas y el animal es cebado o semicautivo. En determinadas ocasiones puede que sí sea cierto: la fauna es totalmente salvaje y el guía verdaderamente excepcional, pero no dudes ni por un segundo que te lo harán notar en sus tarifas; los buenos servicios hay que pagarlos.

Cuando diseñes un viaje para ver algún animal en concreto, es bueno que solicites a tus guías de antemano un rango de probabilidades. Por ejemplo, si quieres ver el leopardo de las nieves en el Himalaya en el mes de octubre, una empresa fiable te dirá que la probabilidad de verlo en zonas buenas es del 40-50% y si lo haces en diciembre-enero, entonces esta sube al 80%. Así los viajeros podemos calcular y planificar bien nuestros viajes.

En este blog queremos darte una ayudita, por si nuestra experiencia te puede resultar útil y como ya habrás visto, por eso puntuamos con una escala sencilla (del 1 al 10) el grado de dificultad que nos ha supuesto ver cada bicho. La mala noticia es que esta escala es meramente orientativa, porque el azar siempre tiene la última palabra. Puedes dedicar tu vida a buscar una determinada criatura sin conseguirlo.

Joy es una buena amiga y es una de esas personas extraordinarias que también buscamos por el mundo. Ella nació en Kenia, pero está afincada en Sudáfrica. Hace treinta años decidió abandonar lo que para ella era una vida acomodada, monótona y aburrida; necesitaba cumplir el sueño de su vida y lo dejó todo para irse a China, ella sola, a buscar osos panda en las montañas. No iba a resultar tarea fácil para una mujer sola. Se gastó todos sus ahorros en el intento y necesitó más de cuarenta días de penurias hasta que, por fin, logró cumplir su sueño. Al regresar a casa se dio cuenta de que aquel viaje la había cambiado para siempre; había algo más en aquellos osos. Nunca más volvería a ser la misma y vio que debía seguir su propio camino. Desde entonces Joy dirige su propia compañía de safaris en África (www.africanwildlifetours.com). Es una mujer muy experimentada, que ha pasado las últimas tres décadas como una moradora más de la sabana, durmiendo entre el rugido de los leones y las escaramuzas de las hienas.

Mi amiga Joy. Una leyenda africana y una mujer que bien merece una portada en National Geographic.

Aunque sus ojos han sido testigos únicos de cosas que no hemos visto la mayor parte de los mortales, todavía no lo había visto todo. Ella soñaba con llegar a ver algún día a lo que ella llamaba cariñosamente "su criatura": nunca había visto un lobo hormiguero o Ardwolf (Proteles cristata), a quien veneraba y consideraba el animal más escurridizo del continente negro. Cada vez que nos juntábamos para guiar un safari por el Kruger o el kalahari, ella siempre me recordaba los miles de momentos inolvidables vividos en la sabana a lo largo de su vida, pero que con todo su pesar dejaría este mundo sin ver su precioso lobo. Ya había perdido toda esperanza; encontrar su Santo Grial, el Ardwolf, le estaba resultando mucho más dificil que sus locas aventuras con los pandas.

A nuestro regreso al campamento de Mata-Mata en Kalahari, nos encontramos este suricata (Suricata suricata), mientras hacía su turno de guardia en previsión de la llegada de depredadores, en su pequeño rincón del desierto del Kalahari. Grado de dificultad 6. 

Una tarde volvíamos al campamento de Mata-Mata, tras una espléndida jornada vagabundeando por el Kalahari. Regresábamos comentando lo bien que había estado el safari. Habíamos visto un leopardo y varias hienas pardas. Un águila nos había sobrevolado mientras se debatía con una cobra viva en las garras y la escena había sido magnífica. No podíamos pedir más. Joy iba conduciendo y en un momento dado detuvo el coche de forma inesperada, advirtiendo que unos metros más adelante había un chacal durmiendo la siesta en medio del camino y no quería despertarlo. Aquel chacal tenía un aspecto un tanto extraño, como desgarbado. Al vernos se levantó con cara de pocos amigos, como a cualquiera a quien le rompamos la siesta. Cuando Joy arrancaba de nuevo el coche para proseguir nuestro camino, de repente le grité: ¡¡¡para el coche Joy, ahí tienes tu Ardwolf!!! Efectivamente lo era, contra todo pronóstico. El bicho se quedó inmóvil junto a nosotros por unos instantes. Era tan desaliñado, como espectacular al mismo tiempo; misterioso, curioso y tímido, todo en uno. Reinaba el silencio, apenas podíamos creerlo. Cuando ya lo habíamos disfrutado, se dio media vuelta y desapareció lentamente entre las dunas. Entonces ella me miró con complicidad, esbozando una sonrisa de esas que no se olvidan y de entre sus ojos azules brotaron lágrimas que desaparecieron rápidamente entre los pliegues de su piel, arrugada por el paso de los años y curtida por las aventuras bajo el sol africano. Nunca más volvímos a ver un Ardwolf, pero tampoco hacía falta; la magia del momento compensó años de espera.

Y por fin Joy tuvo su Ardwolf o lobo hormiguero (Proteles cristata), fruto de la más pura casualidad y después de tres décadas buscándolo desesperadamente. Otras personas logran verlo en apenas unos días. Grado de dificultad variable, dependiendo de cómo los astros se hayan alineado para ti (desde 1, para los muy afortunados, hasta los casi 10, para aquellos a los que la fortuna ha dado la espalda). De cualquiera de las maneras, es una canasta de tres puntos.

Una cosa está clara: si es tu día de suerte, lo verás aunque cierres los ojos. Si no lo es, no lo verás aunque te metas en su guarida.

Es cuestión de suerte

¡¡Besos Joy!! Allí donde estés en algún lugar bajo el cielo africano.

4 comentarios :

  1. No tenía ni idea de lo que es un Ardwolf, pero el relato de como se lo enseñaste a Joy me ha puesto los pelos de punta.

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  2. No tenía ni idea de lo que es un Ardwolf, pero tu relato contando cómo lo encontrasteis me ha puesto los pelos de punta.

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  3. Joy ... qué máquina de mujer ... tan pasional con los bichos ... tan vital ... no tengo más que buenos recuerdos con ella en Kalahari y en Krugger ...

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    1. ¡Hola Fran! Pues sí es una mujer incansable. ¡Acaba de venir de ver tigres y ahora se iba a ver osos! Quién pudiera :-)

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