miércoles, 22 de junio de 2016

¿Por qué viajar a ver bichos?

Sencillamente porque hay gente que lo necesita, porque hay pueblos cuya supervivencia depende en gran medida de tu viaje y eso no solo te enriquezca a ti como persona, sino que además sirva para mejorar el mundo en que vivimos.
Un trotabichos es algo más que un viajero y mucho más que un turista. El viajero vive lo que ve, deja un trozo de su corazón allí por donde pasa y se lleva otro de cada una de las personas que ha conocido; el turista simplemente va y vuelve, sin saber exactamente dónde ha estado. Viajar a ver bichos es más que un safari, hacer fotos bonitas o reservar una habitación de hotel. Es un compromiso con la conservación de la naturaleza, pero muy por encima de todo eso, es creer que las personas y la vida salvaje pueden discurrir juntas por el mismo camino. Va de personas, no de animales.

Cuando haces tu mochila y compras un billete de avión con destino a cualquier lugar del mundo, no solo ayudas a que el chimpancé o el colobo sigan conservando su trocito de selva. También estás haciendo que muchas familias, pueblos y hasta un país entero, se sientan orgullosos de lo que tienen. Estás pagando la escuela de cientos de niños y mejor aún, estás devolviendo la esperanza a gente que muchas veces la ha perdido y solo tiene lo que les puedes dar con tu presencia. Hay lugares en los que solo la estancia será de gran ayuda y a cambio recibirás el mejor regalo que podrás recibir: una sonrisa.

En esta foto de JR, Justo enseña los pájaros de un humedal a los niños de un poblado de la frontera entre Ruanda y Uganda. Viajar a ver Bichos no solo nos reporta beneficios a los viajeros; aún más importante que todo eso, hace que las personas se sientan orgullosas de lo que tienen y lo conserven. Allí el futuro de la gente está íntimamente ligado al de su fauna ¡apúntate!

Las estadísticas demuestran que un rinoceronte vivo en África genera hasta ochenta veces más beneficios que uno muerto, en un continente donde hay pobreza y desigualdad en el reparto de la riqueza. Hay comunidades locales que han apostado fuerte por esta vía ¿Para qué matar a la gallina de los huevos de oro? Es la lección que han aprendido y si hay que matarla por alguna razón, solo se hace cuando no haya otra alternativa posible, por el bien de todos (humanos y fauna) y una vez que sus ingresos en vivo son ya inferiores a los que puede generar su muerte.

Hay miles de ejemplos con prácticamente cualquier tipo de especies (felinos, tortugas, ballenas, tiburones, osos,...) y en cualquier rincón del planeta. Un ejemplo paradigmático es el del Gorila de Montaña (Gorilla beringei beringei) en las regiones selváticas de Uganda, Ruanda y Congo. Uganda es un país machacado literalmente por años interminables de convulsiones sociales y la hambruna. A pesar de encontrarse en el fértil ecuador, el impacto humano es abrumador y prácticamente todo vestigio de selva ha sido destruido para dar sustento a sus poblaciones humanas. Por suerte aún hoy subsiste un pequeño trozo de selva de montaña, que se mantiene casi intacto en la región fronteriza con los otros dos países. El pequeño edén se llama Parque Nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi, el hogar actual para unos 300 gorilas. Esta especie vive en grupos familiares y los conocemos gracias a la vieja película “Gorilas en la Niebla” que encarnaba a la legendaria Dian Fosey, asesinada por cazadores furtivos de la zona.

Gorila de Montaña (Gorilla gorilla beringei) en el Bwindi Impenetrable National Park, en Uganda. Grado de dificultad 6. Solo una treintena de individuos soportan el 10% del PIB del país, en ingresos por turismo de naturaleza.

De la decena aproximada de familias de gorila que subsisten en el parque, tan solo tres podían ser visitadas cuando fuimos a conocerlas en persona. No resulta fácil acostumbrar a una familia a la presencia de turistas, lo que solo se consigue después de un complicado proceso de "humanización" que puede llevar meses, hasta que los gorilas acaban por aceptar que las personas invadan la intimidad del grupo. Aunque para mucha gente es discutible, esta práctica asegura la salvaguarda de la propia especie, ya que sin turismo el gorila es pasto inmediato de los furtivos y sus hábitats son destruidos. Es precisamente la afluencia de visitantes extranjeros, lo que los mantiene aún allí. Pero por otro lado también esto genera riesgos, como el contagio de enfermedades transmitidas por los visitantes. Hoy por hoy, se ha logrado alcanzar un delicado equilibrio, de forma que gorilas y humanos han aprendido a convivir en razonable prosperidad mediante programas de visitas bien organizadas. La población de gorilas se va recuperando, porque en el pasado estuvo a punto de desaparecer y el gorila vivo es más valioso que muerto. Pero los humanos también se han beneficiado y solo esas tres familias visitables generan una cantidad de ingresos anuales, que suponen hasta un 10% del PIB del país. No es de extrañar por tanto que el valor económico neto de cada gorila sea incalculable y que sea el mismo ejército quien protege tanto a gorilas como turistas, a cargo de militares muy experimentados que van armados hasta por detrás de las orejas.

Los militares y guías que protegen a las familias de gorila de montaña lo hacen con el mismo celo con el que protegen sus propias vidas, porque de hecho la supervivencia de unos y otros están estrechamente ligadas. Muchas especies como estas suponen un seguro de vida para las personas que conviven con ellas. Viajar a ver bichos de forma responsable no es solo traer fotos bonitas, sino ayudar a la supervivencia de fauna y de lo que aún es más importante: de las personas.
En otros lugares el ansia por mayores ingresos económicos, se ha llevado hasta los extremos de algunos parques nacionales africanos bien conocidos, convirtiéndose en verdaderos parques temáticos masificados. De nuevo todas las opiniones son válidas, a favor y en contra, pero la segunda lección aprendida nos dice que cuando el turismo y los visitantes desaparecen, también lo hacen sus tesoros naturales.

La cara amable la protagonizan las personas que creen que la fauna salvaje y las personas tienen un futuro juntos y han dedicado su vida -y sus ahorros- a mostrarlo y demostrarlo. Son esas personas extraordinarias cargadas de historias y vivencias fascinantes, lo que convierte a cada viaje en una experiencia irrepetible y son precisamente las que buscamos allí donde se encuentren, ya sea en el pueblo de al lado o en el otro extremo del planeta. Hay iniciativas diseminadas por todo el mundo y comunidades locales que subsisten gracias al turismo responsable de naturaleza y además lo hacen bastante bien. Un ejemplo valiosísimo es el de Anna y Steve Tolan, policías retirados, que un buen día visitaron el valle del río Luangwa, en Zambia y decidieron quedarse allí para el resto de sus vidas. Sintieron que el mejor destino para los ahorros de su cómoda jubilación en la campiña inglesa, era montar una escuela de educación ambiental y escolarizar a los niños de Mfuwe. Muchos de esos niños eran hijos de cazadores furtivos que estaban esquilmando a los elefantes y toda la fauna del bush africano. Iniciaron entonces un apasionante proyecto, por el cual escolarizarían y alimentarían sin coste alguno a los hijos de los furtivos de la región, bajo la única condición de que renunciasen a ganarse la vida matando fauna. Hoy, algunos años después, los índices de furtivismo se han rebajado hasta niveles mínimos; la fauna ha vuelto a la región y los antiguos furtivos se han convertido en celosos guardianes de sus recursos naturales. Cuando los conocimos y compartimos con ellos su fascinante experiencia apenas contaban con medios, pero gracias a la gente que les hemos visitado, han logrado que la comunidad local se valga por si misma. Anna y Steve han devuelto a las gentes del Luangwa la esperanza que nunca les debió faltar. Con nuestra modesta aportación, nosotros por nuestra parte logramos escolarizar a varios niños por un año entero, transformando lo que en un principio era solo un precioso safari en un viaje aún más apasionante. Si no puedes asomarte a su precioso valle y estremecerte con el rugido del león cuando anochece en la sabana, conócelos en www.chipembele.org.

Los Rinocerontes Blancos (Ceratotherium simum) son el objetivo principal de las mafias dedicadas al tráfico de especies silvestres, pero los ingresos que genera uno solo a lo largo de su vida, son muy superiores a los que se derivan de su muerte para comerciar con el cuerno. Mientras en un caso los beneficios revierten en la población local, en el otro van directamente a mafias extranjeras. Grado de dificultad, dependiendo del grado de protección (3-8). 

Pero el suyo no es el único ejemplo; hay muchos y donde quiera que vayas los encontrarás; en este blog te presentaremos a muchos de ellos, cómo son y cómo viven Walter, Oscar, Achuk, Gary y Christina, Odino, Nelson,.... Si sales a buscarlos no te será difícil reconocerlos, porque a su alrededor verás un rayito de esperanza.

El futuro de muchas especies depende en gran medida de las personas normales como nosotros, porque al viajar a conocerlas las ponemos en valor y más aún, dignificamos la vida de las personas con quienes conviven. No se trata de hacer fotos chulas, ni de tachar lugares en un mapa.
¿Nos vamos a ver bichos?

Este post lo hemos colgado en la web a petición de JR.

1 comentario :

  1. Hay unos cuantos desactualizados, pero no quitan el sentido a lo escrito. Lo que es un error, o una mentira, mil veces repetido es que Diani Fossey fuera asesinada por furtivos. Fue asesinada por extra bañadores suyos y el turismo se le impuso, puesto que ella no quería. No pretendo desmitificar la pero habría que ser más justo con el personaje.

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