viernes, 8 de julio de 2016

Un poltergeist en el Himalaya, por la conservación de la vida salvaje

No nos gusta hablar del trabajo, aunque tengamos la inmensa fortuna de trabajar en íntimo contacto con la fauna salvaje. En nuestro peculiar oficio cuanto más callados, mucho mejor. Sin embargo a veces suceden cosas que no alcanzamos a comprender y que exceden el ámbito puramente laboral y esto es precisamente lo que vamos a contar a continuación.
A grandes rasgos podemos decir que nos ganamos la vida investigando los delitos que se cometen contra la fauna, para llevar a los responsables ante la justicia. No se trata de un trabajo fácil técnica ni emocionalmente, pero reporta grandes alegrías cuando alcanzamos el objetivo. Ya llevamos muchos casos a las espaldas, unos ganados y otros perdidos, pero todos ellos creyendo ciegamente en lo que hacemos.
En mayo de 2011 dos jóvenes quebrantahuesos morían envenenados en un lugar remoto de la Sierra de Castril, en Granada. Alguien había colocado veneno en unos trozos de carne para dar muerte al zorro, pero el veneno no tiene ojos ni alma y los cebos envenenados acabaron en el estómago de dos preciosas aves amenazadas, muriendo segundos después.

Durante un buen rato este joven quebrantahuesos bajo a nuestras tiendas y se comportó de manera extraña en las alturas tibetanas. La razón dice que fue fruto de la más pura casualidad. 

Tener conocimiento de un suceso así es difícil porque tienen lugar en la montaña, a casi dos mil metros de altitud y no en vano llegar hasta allí para iniciar una investigación policial en toda regla rozó los límites de la proeza. Una vez sobre el terreno había poco donde rascar, a excepción de dos cadáveres en una ladera que queda cubierta por la nieve durante el invierno, así que sin tiempo que perder nuestro equipo comenzó a buscar evidencias forenses que pudieran arrojar luz a un enigma aparentemente indescifrable ¿Cómo averiguar quién ha colocado veneno a dos mil metros de altitud y a cinco horas del pueblo más cercano?¿y si los dos quebrantahuesos se habían envenenado en otro lugar distinto y fueron a morir allí por azar? demasiadas preguntas sin respuesta y lo que era peor aún, sin hilo del que tirar para iniciar una investigación que llevase hasta el culpable. Era como buscar una aguja en un pajar.

Esta fotografía tomada por el equipo de trabajo en la sierra andaluza de Castril, muestra los perros de la Unidad Canina Especializada en detección de veneno de la Consejería de Medio Ambiente. Acaban de encontrar el cadáver envenenado de Cata, una hembra de quebrantahuesos que no debió morir tan joven y cuya muerte investigamos como parte de nuestra labor profesional.

Pero en este tipo de trabajos no existen causas perdidas, sino gente sin esperanza y con una dosis gigantesca de fuerza de voluntad el caso fue saliendo hacia adelante. Al cabo de tres años de minuciosa tarea detectivesca conseguimos resolver el rompecabezas: ¡bingo! el caso quedó resuelto gracias al ADN adherido al cadáver de Cata, hembra de tres años, implicando de lleno a uno de los sospechosos cuyos nombres barajábamos. Como sucede en las series de ficción, el dichoso ADN volvía a ser clave la para resolver un crimen, aunque esta vez era el de dos preciosos pájaros en peligro de extinción.

La investigación forense y policial de las muertes necesitó de varios años de trabajo minucioso en el laboratorio, la oficina y la montaña. Aquí nos dirigimos durante el invierno a buscar ADN del sospechoso en una cueva en la que se refugia durante una parte del año. No es un trabajo fácil, precioso sí, pero no fácil.

Por fin en la primavera de 2014 remitimos a la jueza las pruebas recabadas para abrir juicio por un delito tan deplorable. Habíamos trabajado duro contra reloj y contra corriente, porque además en nuestro círculo unos no comprendían la conveniencia de invertir fondos públicos en investigar la muerte de “solo unos pájaros” y a otros sencillamente no les importaba. No fueron días fáciles, pero menos mal que ya forman parte del pasado.

Ahora solo cabía esperar a que se pusiera fecha para el esperado juicio, que debería llegar en algún momento del año siguiente. Así nos plantamos en octubre de 2015 o lo que es lo mismo, en el otoño pasado, cuando habíamos planeado una expedición al Himalaya, en busca de una de las criaturas más difíciles de ver: el leopardo de las nieves, como ya hemos comentado en el blog.

Apenas unos días antes de montarnos en el avión con destino a la cordillera más alta del mundo, recibimos una carta tan esperada como inoportuna: por fin se ponía fecha al juicio oral transcurridos cuatro años desde que los quebrantahuesos murieran envenenados: 4 de noviembre a las 09.00h. Era sin duda una magnífica noticia pero en un pésimo momento, porque ese día amaneceríamos en el techo del mundo, lejos de todo contacto con la civilización. Después de varios años de trabajo todo podía irse al traste, solo porque el día más importante no íbamos a estar presentes. Aún así no todo estaba perdido; en el equipo está nuestro querido Antonio. Él decidió quedarse y asistir al juicio, como hace siempre que tenemos uno. Yo sin embargo me fui, porque en esa ocasión no estaba citado para declarar.

Llegó el día de subirse al avión y nos fuimos al Himalaya. Una caravana de mulas nos trasladó al campamento base después de una semana de aclimatación y ascenso, para una vez allí iniciar las prospecciones en busca del leopardo. Los días transcurrían lejos de los teléfonos móviles y de cualquier contacto con el mundo exterior; allí arriba solo había hielo, picos y frio, muchísimo frio. Pero la vida en las alturas es fácil si uno sobrelleva bien la falta de oxígeno, con la única preocupación de rastrear al leopardo y disfrutar las estrellas en el cielo más puro y limpio que los ojos humanos pueden contemplar. No tardan en esfumarse los problemas, el trabajo y la hipoteca. Solo estás tú y la montaña.
Los días vuelan en el paraíso y al cabo de una semana parece que llevamos aquí toda una eternidad. Los sherpas y los cocineros nos hacen sentir como en casa (o mejor aún incluso ;-) y la correcta aclimatación a la altitud nos permite buscar al leopardo por laderas escarpadas como dagas.
Vemos águilas reales a cada momento; hay muchas porque no les falta ni comida ni lugares para criar. También vemos quebrantahuesos con mucha frecuencia, pero siempre son adultos que vuelan muy alto sobre las crestas de más de 5 mil metros de altitud. En comparación con los europeos, los quebrantahuesos tibetanos no se acercan a las personas porque no nos asocian con la comida.

Juan en primer plano y como puntos diminutos en el fondo del valle, el resto de la expedición en los barrancos Rumbak y Tarbum, hábitat ideal del leopardo de las nieves en Himalaya.

Una gélida mañana nos levantamos a las cinco para salir en busca de la dichosa pantera, tal y como venimos haciendo desde que llegamos. Los 20 grados bajo cero se han encargado de congelar el agua de las cantimploras y las pilas de la linterna han dejado de funcionar, aunque el suplicio se hace más llevadero con el té caliente que nuestro cocinero nos trae a la tienda. No hay tiempo que perder y una vez preparados nos disponemos a ascender al pico cercano para otear con el telescopio. Estamos en el valle de Rumbak (N 34º 03'19.7''/E 077º 25' 17.1''), un pedregoso y encajonado desfiladero sagrado para los lugareños, quienes profesan el budismo con enorme devoción. Para ellos su valle es especialmente valioso, porque alberga presencias espirituales y manifestaciones de Buda bajo formas y conceptos que nosotros no alcanzamos a comprender. Hay estupas y ofrendas religiosas por todas partes, algunas de ellas con más de mil años de edad, como atestiguan las viejas inscripciones en sánscrito que el tiempo aún no ha borrado de sus piedras.

Los paisajes de la alta montaña en Himalaya son incomparables, pero has de ir bien abrigado.

Hemos permanecido en el pico varias horas sin hallar rastro del leopardo y nos disponemos a regresar al campamento base para comer algo y reponernos del esfuerzo. El sol está bien alto y eso ayuda a combatir el frio que nos ha quemado las orejas y la nariz. Sin embargo no va a ser un día como cualquier otro; al acercarnos al campamento advertimos algo poco usual; Juan se da cuenta de que hay una sombra oscura y grande sobre unas rocas, a muy pocos metros por encima de mi tienda. Es un pájaro enorme, pero por extrañas circunstancias no parece asustarse de los sherpas que deambulan bulliciosamente de un lado para otro junto a las tiendas; muy al contrario los observa con interés y sin inmutarse.

Voló sobre nuestras cabezas durante un buen rato, sin alejarse de nosotros. La fotografía no está realizada con una lente de aproximación potente.

La sorpresa no puede ser mayor y los ojos se salen de las órbitas cuando comprobamos que se trata de un joven quebrantahuesos posado por encima de mi tienda y que no se asusta de las personas del campamento. Hasta ahora no los habíamos visto a menos de 500m y siempre volando lejos sobre las crestas de las montañas. Sin embargo el que ahora viene a visitarnos se encuentra a apenas 10 metros y a juzgar por su actitud, parece que disfruta del alboroto del campamento. Juan y yo nos miramos boquiabiertos por lo inusual de la visita y sin dudarlo un momento nos acercarnos al bicho. Cuando nos encontramos a escasos metros, este arranca a volar pero para nuestra sorpresa no lo hace con miedo para alejarse, sino que sale a nuestro encuentro para volar a tiro de piedra sobre nuestra vertical, dibujando círculos a baja altura a nuestro alrededor durante un buen rato, tras lo cual se dirige hacia el fondo del valle. Optamos por no seguirle porque estamos tan cerca, que podemos molestarle. Pero el pájaro no quiere irse; al ver que nos detenemos da media vuelta y regresa otra vez donde nos encontramos, para colocarse de nuevo sobre nuestras cabezas. Nunca antes habíamos visto a un quebrantahuesos comportarse de esa manera y eso que es una especie con la que trabajamos regularmente. Volvemos a detenernos para que el pájaro se aleje, puesto que necesitamos comprobar si ese comportamiento tan anómalo es fruto de una casualidad, pero insistentemente y contra todo pronóstico, el pájaro regresa una tercera vez para volver a colocarse encima nuestra. Si no fuese porque mi formación científica me impide hacer este tipo de interpretaciones, todo parece indicar que está tratando de comunicarse con nosotros, exactamente igual que hacía mi perrita cuando acudía corriendo para llevarme hasta alguna porquería pestilente que había encontrado por el campo.
Juan y yo nos miramos sin decir nada mientras el pájaro sigue volando sobre nuestras cabezas, en círculos cada vez más estrechos, hasta que en un momento dado hace un quiebro brusco para posarse en una roca cercana, clavándonos la mirada. Pasado un rato sin quitarnos el ojo de encima, agacha la cabeza y echa a volar, esta vez sí para desaparecer definitivamente detrás de unos picos nevados de 5.500m.

... y voló y siguió volando....

Nunca vimos un quebrantahuesos tan cerca y no volvimos a verlo en el resto de la expedición; bueno mejor dicho, no volvimos a ver uno volando incluso más bajo del nivel de las crestas del valle sagrado.

Al caer la noche las temperaturas vuelven a descender muy por debajo de los cero grados y como de costumbre, nos agrupamos en la tienda comedor para cenar bien apretados en torno a la estufa. No hemos dejado de darle vueltas al extraño suceso acontecido durante el día; no podemos darle una explicación científica, sencillamente porque no la tiene. Podría ser fruto de la más pura casualidad, pero la probabilidad es una entre un millón ¿por qué un quebrantahuesos se iba a acercar tanto a la tienda de campaña si durante toda la expedición se mostraron tan esquivos y desconfiados? ¿por qué no se asustaba de la gente? ¿por qué voló de esa manera y volvía a buscarnos cada vez que dejábamos que se alejase? ¿por qué ese día? ¿por qué un joven de esa edad cuando solo veíamos adultos? Todas esas preguntas eran el centro de la airada conversación entre sorbo y sorbo de un té tibetano caliente sin que hallásemos respuesta alguna, hasta que Marta lanzó la siguiente pregunta: ¿cuándo era el juicio por la muerte de los dos quebrantahuesos envenenados en Castril? Y de nuevo volvimos a quedar petrificados; nos habíamos olvidado por completo del juicio y de la vida que habíamos dejado atrás, del trabajo y de los problemas. De pronto recordamos que el juicio tenía fecha y hora previstas y que estas eran, ni más ni menos, exactamente en el mismo momento en que el joven pájaro bajó a posarse en el campamento. La edad de nuestro extraño visitante también era sorprendente, tres años, la misma que la joven Cata que había muerto unos años atrás a 7.200km de distancia y cuyo cadáver fue determinante para identificar al culpable.

¿Fue todo fruto de la más pura casualidad? No podíamos quitárnoslo de la cabeza.
Cuando días después regresamos a la ciudad tibetana una vez finalizada la expedición, mi obsesión fue buscar un teléfono para llamar rápidamente a Antonio, que se había quedado en España para asistir al juicio:
- ¡¡Hola Antonio qué alegría!! ¿qué tal todo?
- ¡¡Hola Iñigo, que bien saber que seguís vivos!! Tengo noticias del juicio pero no son buenas. Tuvimos el juicio y lo peleamos durante horas, pero no hay sentencia aún. La jueza emitirá su veredicto el mes que viene, pero todo pinta mal. Creo que vamos a perder el caso e incluso Pablo el abogado está convencido de que hay poco que hacer.
- ¡¡Tranquilo Antonio, sé que lo hemos ganado, lo sé seguro, ten fe!!
- ¿Cómo lo sabés, de dónde sacas eso si tú has estado fuera?
- Lo sé, puedes estar tranquilo. Ha venido a decírmelo un “pajarito” ya te lo contaré cuando regrese.

Ya de regreso en España y exactamente un mes después, Antonio me llamaba por teléfono; era por la tarde y yo estaba en casa:
- Hola Iñigo ¿estás de pie? pues será mejor que te agarres. Pablo el abogado acaba de llamarme:
¡¡Lo sabías, no sé cómo, pero lo sabías. Hemos ganado el Juicio y el culpable ha sido condenado a pena de cárcel!!
Se hizo un silencio porque no sabíamos que decir. Es muy difícil llegar a juicio por un delito contra la fauna. Nuestro sistema judicial no es sensible al tema y mucho más difícil aún ganarlos; roza el milagro. Pero al menos aquel día todos ganamos una batalla.

La razón y la lógica dicen que es solo una vulgar casualidad, pero yo quiero pensar que aquel quebrantahuesos que vino a volar sobre nuestras cabezas, en realidad quiso decirnos algo. Tal vez no estemos solos en lucha por conservar la naturaleza y los bichos traten de comunicarse con nosotros sin que lleguemos a entenderlos; tal vez los bichos traten de agradecérnoslo a su manera. Tal vez fue el embrujo de aquel valle sagrado, cuya espiritualidad no alcanzamos a comprender, porque otro día nos sucedió algo extraño con un leopardo. Nunca sabremos la verdad, pero como somos humanos, una especie imperfecta, a mi me ayuda pensar que pueda ser así.

Este post quiere rendir un sentido tributo a todos los quebrantahuesos que han muerto envenenados en nuestras montañas. También a mis compañeros Antonio Ruiz, Irene Zorrilla, Carlos Cano, Pakillo Rodríguez, Pablo Ayerza, Rafael Arenas, José Ramón Benítez y a Jesús Olivares, el ángel de la guarda que cada mañana vigila las sierras de Castril para que estas maravillosas aves sigan volando en nuestras sierras.
Este va por todos mis compañeros, a los que ya conozco y también a los que no, quienes dedican sus vidas con devoción a conservar la fauna, sin pedir nada a cambio y sin necesitar ver su nombre escrito en letras doradas.
Seguro que aquel quebrantahuesos voló por todos vosotros.

1 comentario :

  1. Bonita historia y muy buen trabajo felicidades compañeros. Esta historia me hace recordar varios casos que me pasaron, unos de ellos fue con un Buitre leonado hace años en Tetuan, me llama un amigo y me dice que su vecino tenia enjaulado a un B. leonado en la azotea de su casa me fue a verlo desde la terraza del amigo, me dio mucha pena verlo encerrado así que me puse en contacto con el (agresor) una persona mayor empresario y conocido en mi ciudad, intente convencerle para que suelte a Buitre pero nada lo seguía teniendo en su casa. Me fue muy triste de no poder hacer nada ya que para poner una denuncia contra aquella persona ira casi imposible y tampoco las leyes en aquellos años estaban a favor de la fauna silvestre. Pasan unos días el Buitre se escapa cae en la calle los vecinos llaman el servicio de sanidad los agentes lo recogen unos de ellos me conoce y me llama y me trae el Buitre con una herida grave en una pata por estar amarrado durante mucho tiempo. No le pude hacer mucho en aquel momento aunque conté con la ayuda de mi amiga Rosa Martínez Valverde (veterinaria) vía unas conversaciones por FB, al paso de unas horas el pobre Buitre había muerto. Esta fue la triste historia de este Buitre pero las circunstancias de que muera entre mis manos después de intentar salvarle me han dejado sorprendido y claro no me queda nada que decir aparte de que fue una casualidad. Por fin haré mención de unas de mis frases que mi amigo Tony Peral publico en su libro de viaje sobre una expedición que hicimos en el 2012 al Alto Atlas en busca de la Pantera de Berbería............... Durante el trayecto y las zonas visitadas por el Marruecos profundo, los paisajes, la gente y los momentos vividos no han dejado de ser una de las cosas que se quedarán marcadas para siempre. Conexiones (una variante de coincidencias) que nos llevaban de ahí allá convirtiéndose en una serie de encuentros que nos dejaban alucinados.

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