viernes, 8 de septiembre de 2017

Exon Valdez, volvemos al lugar de la tragedia

Los más viejos aún recordamos las imágenes dantescas de miles de aves marinas agonizando empapadas en petróleo. Sucedió en las salvajes costas de Alaska y marcó un punto en la historia de la conservación que no dejó indiferente a nadie, aunque ha tenido que pasar el tiempo para comprender bien lo sucedido. No supimos reconocer entonces que estuvo provocado por los primeros coletazos del cambio climático y que fue cruelmente aderezado con un cúmulo de errores garrafales, alcohol, ciertas dosis de machismo y la incompetencia de sus tripulantes, sin olvidar por supuesto las grandes mentiras de la petrolera dueña del barco. Hoy, casi treinta años después, volvemos al lugar de la tragedia para husmear un poco y ver qué nos encontramos ¿Qué pasó en realidad?¿Ha vuelto la fauna?¿Quedan restos del petróleo?¿Habrán sido capaces de aprender de los errores? Os llevamos allí para que juzguéis vosotros mismos.

¿Qué pasó realmente?
Muchos dicen que fue el día en que todo salió mal y los habitantes de la pequeña localidad de Valdez, Alaska, lo definen como la tormenta perfecta; tienen razones para ello. A las 00.04h del 24 de marzo de 1989, el petrolero Exon Valdez (Exon por la compañía petrolera y Valdez por el puerto de base) encallaba en el arrecife Bligh Reef de la ensenada Prince Williams (Prince Williams Sound), en aguas del Pacífico, vertiendo más de 40 millones de litros de crudo al mar (algo menos de la mitad que nuestro bochornoso Prestige). A la mañana siguiente Alaska vivía la peor pesadilla ecológica de su historia, con el petróleo condenando durante décadas a 2.000km de costas vírgenes, plagadas de vida marina hasta reventar. Los daños aún hoy se siguen estudiando.


Numerosos testigos afirmaron ver al capitán Hazelwood bebiendo vozka, desde el medio día hasta que zarpó de puerto con rumbo a California a las 9pm. Al soltar amarras el marinero Murphy -que no podía tener un nombre más oportuno- se percató de que no se encontraba en condiciones de navegar y le aconsejó retirarse a descansar, aunque no lo hizo porque debía estar presente hasta salir de la ensenada a mar abierto. Fue Murphy quien hizo la primera maniobra por ser el marinero de mayor experiencia, según manda la norma y una vez fuera de puerto cedió los mandos al capitán. La noche transcurría tranquila, tal vez demasiado. Entonces sucedió algo extraño, un fenómeno al que los marineros más experimentados no se había enfrentado nunca: en el puente se recibía un aviso inquietante que advertía de que, por alguna extraña circunstancia desconocida hasta el momento, el cercano Glaciar Columbia estaba liberando mucho más hielo a la ensenada de lo normal y los iceberg estaban taponando la salida del barco hasta mar abierto. Esto obligó al capitán a solicitar un cambio de rumbo, lo que fue autorizado bajo la condición de navegar con los ojos bien abiertos; pero Hazelwood había bebido tanto alcohol, que no se tenía en pie y antes de lo permitido el capitán se marchó al camarote con la excusa de rellenar unos formularios. Al mando de la nave se quedaba el tercer oficial, un tal Cousins, que no estaba titulado para realizar este tipo de maniobras. Posteriormente la investigación policial reveló que Cousins llevaba 18 horas sin dormir, rompiendo los protocolos de seguridad y también se reveló que desoyó las advertencias de su ayudante, una experimentada mujer que recibió sus insultos machistas cada vez que le advertía sobre una maniobra equivocada. El resto ya lo conocemos, tres horas después de zarpar la quilla del Exon se reventaba contra el arrecife condenando a miles de bichos, entre los que había aves marinas de veinte especies, águilas calvas, marsopas, delfines, nutrias marinas, ballenas, focas, leones marinos, toda la población de salmones de la zona y el sustento de la gente que vivía de ella, sin contar la fauna terrestre asociada a la costa.

Pero los errores no quedaron ahí. La escollera solo era accesible por helicóptero y por barco y si la noche impedía el acceso por aire, el hielo bloqueaba la navegación para el rescate. Tan solo dos embarcaciones menores lograron acceder a contener el petróleo extendiendo un cordón de boyas, pero era insuficiente por el enorme volumen que escapaba de las bodegas al mar. La noche se convirtió en un enorme caos, improvisación y desorden; la balsa de contención de crudo del plan de emergencias estaba en mal estado porque nunca se había usado, las succionadoras se rompían constantemente y los operarios de Exon nunca habían hecho un simulacro de accidentes, en contra de lo establecido legalmente. Lo peor es que el generador eléctrico que inflaba las boyas de contención acabó reventando, sin haber uno de repuesto. Al llegar el alba la mancha se había extendido por toda la ensenada y miles de cadáveres de aves marinas aparecían flotando sobre el crudo.

Varias horas después del suceso se le hizo la prueba de alcoholemia al Capitán Hazelwood y todavía daba niveles superiores a los permitidos; entonces se filtró -posiblemente por parte de la empresa- que meses antes le habían retirado el carné por conducir ebrio. Esta fue la excusa perfecta para que Exon convirtiera al capitán en único chivo expiatorio y cargarle con todas las culpas, tratando así de salvar su imagen y una buena pasta en indemnizaciones. Pero el país entero quería llegar al fondo del asunto y la investigación federal sacó a la luz que detrás de la cortina había algo más que un simple capitán borracho. La sentencia probaba que la falta de sueño había sido las causa directa del accidente, pero no había sido el alcohol, sino la propia compañía Exon como verdadera responsable; para reducir costes y ampliar el margen de beneficios, los meses anteriores se habían reducido los tripulantes en cada buque y se había despedido a los expertos en ejecución de los protocolos de seguridad de navegación. La sentencia recogía que el accidente "fue el resultado de la degradación gradual de una supervisión (por parte de la empresa), cuya intención era salvaguardar los errores inevitables de los seres humanos".

Una vez que su tapadera había sido desmontada, Exon fue condenada a pagar los más de dos mil millones de costes de las tareas de limpieza, que fueron claramente insuficientes, más cinco mil millones adicionales por responsabilidad subsidiaria. Su imagen quedó por los suelos y con pérdidas millonarias en bolsa. El bueno de Hazelwood tuvo que pagar una multa de 50.000 dólares y hacer mil horas (cinco años) de servicios a la comunidad recogiendo basura en las carreteras y fregando platos en un comedor social. Por su parte el gobierno de los EEUU dio un vuelco a la legislación, promulgando una nueva y estricta ley para evitar accidentes futuros, la Oil Pollution Act 1990 y desarrolló un plan sin precedentes de restauración ambiental para calmar los ánimos y recuperar la imagen internacional perdida con el suceso.

Lo que la sentencia no reconoció en su momento, es el papel que jugó calentamiento global al resquebrajar por primera vez el frente del glaciar Columbia, llenando de icebergs la ensenada de Prince Williams de una forma desconocida hasta entonces. Tampoco recogió que solo se pudo retirar un 10% del crudo vertido al mar y que las consecuencias ambientales seguirían presentes décadas más tarde.
Así las cosas hace unas semanas decidimos pasar unos días en la zona cero, accediendo hasta el frente del glaciar y la escollera donde se produjo el desastre, reproduciendo el mismo trayecto que en su día hizo el barco maldito. Recorrimos la mayor parte de la costa afectada a bordo del Glacier Spirit, un catamarán diseñado para navegar en hielo y nos entrevistamos con Rangers y pescadores de la zona. Queríamos ver si la vida ha vuelto a Valdez y si Valdez ha vuelto a la vida.

Los estudios científicos aseguran que las consecuencias siguen ahí y que el ecosistema aún se resiente por el vertido, ya que la ensenada es un lugar cerrado. Sin embargo en las muchas millas navegadas tuvimos la suerte de no ver rastro alguno de petróleo, ni nada que recordase el accidente. Lo que sí vimos fue un espacio protegido libre de presencia humana, con paisajes espectaculares que albergan fauna salvaje en proporciones asombrosas, aguas limpias y pesquerías salmoneras recuperadas. Una buena noticia de vez en cuando, que nos recuerda que la vida de una forma u otra siempre termina por abrirse camino. No sabemos cómo era la zona antes del accidente, pero os la mostramos tal cual está hoy.

Os dejamos las imágenes que captaron nuestras cámaras, para que juzguéis por vosotros mismos. Todas están obtenidas en el entorno del aacidente, empezando por el mismo puerto actual de Valdez, las aguas que lo rodean, la coordenada donde el hielo reventó el costado del casco, barcos pesqueros en la zona cero, arroyos que ahí desembocan y la fauna observada. Por primera vez en el blog no comentaremos ninguna foto, ni tan siquiera diremos de qué especies se trata. Si tienes algún interés, sencillamente nos lo preguntas por comentario o facebook y te lo decimos.
!Que paséis un buen rato!


































Bueno, ahí queda. Espero que os haya gustado. Muchas gracias y hasta otra :-)

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