viernes, 16 de febrero de 2018

Hides comerciales de fotografía de fauna ¿ángeles o demonios?

Muchas personas aficionadas a los viajes de naturaleza y la fotografía de fauna se han planteado la conveniencia de estas iniciativas de reciente aparición en nuestro país y puedo asegurar que soy una de las que más vueltas le ha dado a la cabeza al respecto. He escuchado opiniones a favor y en contra, unas radicales y otras sosegadas. Lo cierto es que, gusten o no, los hides comerciales han venido para quedarse y al parecer su número va en aumento. Hemos querido indagar en el tema desde una perspectiva aséptica y objetiva, visitando algunos de ellos para tener conocimiento de primera mano e interesándonos por conocer la opinión de técnicos independientes, detractores y defensores. En este post exponemos los posibles pros y contras que hemos encontrado y hasta nos mojamos para contar nuestras propias conclusiones.

Macho de Águila Perdicera fotografiada en el Hide de Photo Nature Film, de Cádiz y macho de Águila Imperial en el hide de Alpasín (Córdoba). Ambas fotografías están hechas con equipo profesional y tomadas recientemente para la preparación de esta entrada del blog.

En España la fotografía desde hides ha existido siempre, aunque básicamente estaba reservada para fotógrafos profesionalizados (ya hemos tratado esto en las dos entradas del blog "Fotografía vs viajes de naturaleza: juntos pero no revueltos" y "Bailando con osos. Observación de osos pardos en Finlandia"). La era digital trajo grandes cambios y un acercamiento de la fotografía de naturaleza a los muchos aficionados que no podían costearse los caros equipos analógicos. Esto a su vez disparó el número de fotógrafos en el campo, muchos de ellos magníficos y todos deseosos de obtener imágenes de calidad, que la tecnología anterior solo ponía al alcance de una élite. En poco tiempo a lo largo y ancho del continente europeo han ido proliferando empresas locales que ofrecen al gran público la posibilidad de observar y fotografiar fauna salvaje a corta distancia, desde grandes águilas hasta osos pardos, glotones, lobos, buitres,... Y tras varios años de consolidación por toda Europa, por fin han llegado a nuestro país y con ello las dudas de tipo ético, puesto que los animales son atraídos con comida.

Esta foto está tomada desde uno de los hides de Wild Brown Bear, en Finladia. Ya dedicamos una entrada del blog a esta fantástica experiencia (Bailando con osos: observación de osos pardos en Finlandia), donde tienes mucha información al respecto.

De entrada los hides han traído cosas buenas; los fotógrafos y aficionados españoles han logrado captar imágenes de una calidad antes impensable, aunque lo más importante de todo es que han acercado la naturaleza al gran público, que es quien la conserva con sus impuestos. Hoy cualquier persona que lo desee puede disfrutar a corta distancia de especies emblemáticas como el lince, el águila imperial o el buitre negro y a un precio razonable, pero ¿existen consecuencias negativas para la fauna?¿son beneficiosos para la conservación o por el contrario las desventajas aconsejan su clausura?

Sería un error decir que los hides comerciales no podrían conllevar efectos negativos para la fauna. Lo cierto es que hay consecuencias potenciales y hemos querido conocerlas por boca de los detractores y técnicos de la Administración. En primer lugar hemos escuchado que se trata de un negocio fácil. También se dice que produce molestias directas a los animales, que no deben ser autorizadas con fauna amenazada, especialmente para grandes águilas durante el período reproductor. Las mayores críticos alegan que inducen alteraciones en el comportamiento de los individuos que frecuentan el hide. También argumentan que los animales cambian sus pautas naturales y pierden el instinto de caza si se acostumbran a vivir de la "comida fácil" y esto a su vez las acostumbra peligrosamente a la presencia humana y depender de su comida. Este punto es esgrimido con firmeza para los hides en grandes muladares en el norte de España.

Uno de los atractivos más interesantes de meterse en un hide comercial de observación o fotografía de fauna, es disfrutar de una carroñada con buitres a corta distancia. Hay muchos hides en España que ofrecen este servicio, unos más controvertidos que otros. 

Otro argumento en contra por riesgos potenciales, viene derivado de las enfermedades que los cebos vivos o muertos pueden transmitir a las especies fotografiadas (buitres, águilas y linces fundamentalmente), o bien las lesiones físicas que pueden producirse al acudir a comer en escenarios preparados. Existen igualmente posturas encontradas que entienden que el uso de cebos vivos (generalmente paloma para águila perdicera) está sujeto a cuestiones éticas. Por último, se encuentran los efectos de interrumpir de manera instantánea los aportes de comida una vez finalizada la actividad fotográfica, que puede ser perjudicial en momentos críticos para los individuos fotografiados con regularidad y cuya supervivencia depende de la comida/agua que obtienen en los hides. Como vemos estos inconvenientes potenciales existen y sus consecuencias sí pueden ciertamente ser negativas si no se toman medidas para minimizarlas.

Pero ahora veamos la otra cara de la moneda. Una gran parte de las personas que enumeraron los riesgos, también coincidieron en señalar que existen ventajas y son estas: el aporte de comida suplementaria a especies amenazadas ya se viene haciendo con regularidad desde hace años por parte de las Administraciones, para asegurar la reproducción cuando hay escasez de alimento en el medio y eso ha sido fundamental para evitar la extinción local de algunas poblaciones en problemas. No pocos gobiernos autonómicos aportan conejos muertos o vivos para linces y águilas imperiales en libertad, entre otras especies y muchas Administraciones ponen comida para las rapaces carroñeras. Los hides comerciales hacen exactamente lo mismo, pero a una escala mucho más reducida. Tanto Administraciones como ONG reconocen el beneficio -y la necesidad- de la alimentación suplementaria para dar un empujoncito a las especies amenazadas en períodos críticos. Según este razonamiento, no tiene sentido pensar que si lo hacen las Administraciones los efectos son positivos y por el contrario son negativos si se hace en hides fotográficos, si el alimento es de calidad y la cautela es la misma en ambos casos.

Un alimoche deambula en una carroña en busca de comida. Los hides constituyen excelentes oportunidades para disfrutar de su observación a corta distancia sin molestarlos. No es una especie que podamos disfrutar todos los días porque sus poblaciones se encuentran muy cercanas a la extición por causas humanas.

Desde dentro del hide vemos un buitre negro imponiendo sus dimensiones para arrebatar un bocado a los buitres leonados alrededor de la carroña. 

Otra de las ventajas señaladas por los defensores y no rebatidas por sus detractores, es que la alimentación suplementaria de los hides ayuda a que se formen nuevos núcleos reproductores, o bien se consoliden los ya existentes para especies depredadoras. De la misma forma se ha señalado que el aporte extra de comida contribuye a reducir la mortalidad por causas humanas, al concentrar a los animales en áreas seguras con nulo o menor riesgo de existencia de veneno, uso de medios prohibidos, disparos y electrocuciones. Como consecuencia de lo anterior, aumenta el éxito reproductor (lo cual ha sido constatado por las mismas Administraciones), al existir más alimento y tratarse de zonas seguras. Lógicamente esto se ha conseguido porque los responsables de las iniciativas empresariales fiables, previamente han establecido acuerdos con titulares de fincas y cotos de caza, asegurando que se reduzca la persecución directa a estas especies; en algunos de hecho se ha eliminado la caza de palomas o perdiz con reclamo en las cercanías de los hides, ambas altamente peligrosas para las rapaces como atestiguan los numerosos expedientes sancionadores abiertos actualmente. De hecho, el sistema se basa en poner en valor a las especies fotografiadas, desde el Mochuelo hasta la Perdicera, de tal manera que los propietarios de fincas reciben una parte de los beneficios generados; así hemos podido comprobar que las especies pasan de ser "alimañas" a erradicar, a nuevos elementos generadores de renta en el monte. Otros efectos positivos de esta nueva actividad son los indirectos, como la dinamización de la pequeña hostelería local rural donde los clientes pernoctan y comen (en ocasiones decorados orgullosamente con magníficas fotos obtenidas en los mismos hides cerca del pueblo, como el caso de Adamuz, en Córdoba).

Esta imponente hembra de águila perdicera se dejó ver desde nuestro hide y en ningún momento nos dio la impresión de que su comportamiento natural se viera alterado por las actividades fotográficas.

Un adulto de águila imperial en las cercanías del hide. Hay días que entran y otros no, porque al tratarse de fauna salvaje sus reacciones no son siempre predecibles.

En líneas generales esta nueva actividad ha generado un cambio de actitud de la población local, produciendo un acercamiento a la fauna y esto se puede comprobar mediante los episodios de mortalidad directa intencionada, que se han reducido considerablemente en torno a las zonas donde se hace con seriedad y por parte de buenos profesionales. Por último, los defensores de la actividad señalan que los cambios en el comportamiento de la fauna fotografiada, en caso de existir, por su escala son muy inferiores a los que provoca la alimentación suplementaria que hace la propia Administración a gran escala con aves carroñeras, linces y águilas imperiales. Además, descartan que la alimentación suplementaria -y en su caso la fotografía asociada- conlleve una pérdida del instinto cazador y de campeo, extremo que nosotros mismos pudimos constatar en varias ocasiones, en las que águilas reales e imperiales ignoraban la comida ofrecida para cazar presas salvajes unos cientos de metros más allá de nuestra posición.

No solo vemos aves posadas o comiendo desde los hides. Se trata de lugares únicos para observar fauna haciendo su vida normal, en condiciones poco comparables si vas paseando normalmente por el campo.

Un águila imperial vuela en el entorno del hide y pasa de largo sin sentirse atraída por la comida.

Tras un largo rato de espera e incertidumbre en el hide, por fin el águila perdicera decide acercarse. Si nunca antes has visto una perdicera tan cerca, ver una cosa así frente a ti te pone los pelos de punta.

Como hemos visto, existen argumentos razonados de un lado y otro y tal vez lo más sensato sea tener ambos presentes para alcanzar una opinión bien fundamentada. No obstante cuando defensores y detractores esgriman razones puramente éticas, hay que entender que se trata de algo muy personal y por lo tanto todas las opiniones deben ser respetadas.
Por otro lado, efectivamente, hay que aceptar que no se trata de prácticas altruistas; en realidad los hides fotográficos son iniciativas de carácter empresarial basadas en el uso de los recursos naturales, pero exactamente igual que lo son el resto de los aprovechamientos del monte: la caza, los pastos o la madera de cualquier monte de nuestra geografía y eso no es malo de por si.
Después de pasar 169 horas en el interior de hides comerciales de empresas diferentes de Finlandia y Andalucía Occidental, hemos llegado a varias conclusiones partiendo de la base de que ni deberían causar un nuevo problema, ni tampoco sería inteligente prescindir de los beneficios que esta actividad puede reportar a la fauna y a las personas del medio rural.

Daniel Burón es uno de esos grandes fotógrafos de naturaleza que atesora nuestro país. Es una de esas personas que mediante la alquimia transforma la luz en imágenes espectaculares y nos muestra un lado de la vida salvaje rara vez captado por ojos humanos. En esta imagen Dani prepara su equipo de fotografía y filmación para pasar unas largas horas en el hide. 

Y este soy yo en el hide de Photo Nature Film. Al principio me preocupaba más por hacer fotos que por disfrutar lo que estaba viendo, aunque al cabo de un rato la cámara quedó de lado. Los hides no solo deben ser contemplados por su faceta fotográfica, sino como lugares excepcionales para la observación de fauna, ya que nos permiten acercarnos a unas distancias imposibles en otras circunstancias. Es como espiar a la fauna o introducirnos en su mundo a hurtadillas.

La primera conclusión, o más bien descubrimiento, es que la buena gestión de hides fotográficos no es un negocio tan fácil como habíamos pensado en un principio; más bien todo lo contrario. Cuando está bien hecho genera muchas horas de trabajo, además de una enorme responsabilidad por el compromiso que el gestor adquiere por el bienestar de los bichos con los que trabaja. El denominador común de los hides que nos parecieron de fiar, es la profesionalidad de sus responsables, quienes sienten auténtica pasión por su trabajo y un entusiasmo que transmiten fácilmente al cliente. Nos mostraron un conocimiento muy profundo -y una sensibilidad- hacia las especies y su comportamiento, cuando menos igual que el de los técnicos y científicos que las estudian habitualmente.

Está genial disfrutar de águilas imperiales, osos, perdiceras o alimoches, las grandes estrellas de nuestra fauna. Nadie duda de ello. Pero el gran pelotazo de los hides es acercarnos a las especies más comunes, esas que vemos cada día pero que rara vez nos detenemos a observar. En este caso un milano negro nos hace pasar un buen rato, mostrando que también merecen nuestra atención.

Nunca sabes qué vas a ver cuando entras en un hide. Puedes ir buscando águilas reales y quedarte con las ganas de verlas, o bien que otra especie decida ponerse a tiro de tu cámara como arrendajos, zorros, meloncillos o cualquier otra sorpresa inesperada.

En segundo lugar demonizar a los hides comerciales es una cuestión subjetiva, porque hay argumentos en ambos sentidos. Sin embargo no debieran cuestionarse por el hecho de ser una actividad comercial, porque entonces tendríamos que cuestionar también al ganadero que pasta sus ovejas en un prado, al que descorcha los alcornoques de su finca o al colmenero que vende su miel. No hay nada malo en aprovechar los recursos naturales, siempre y cuando se haga con las garantías necesarias que exige la conservación de la fauna salvaje.
En tercer lugar la existencia de riesgos no significa necesariamente que la actividad sea negativa. Hemos visto que la mayor parte de los desajustes que plantean son normales, puesto que se trata de una actividad nueva en España y que requiere de cierto rodaje/aprendizaje. Además muchos de estos problemas tienen fácil solución mediante un control adecuado y una regulación estricta por las administraciones competentes, que han de ser ágiles y estar a la altura de las circunstancias; tal vez esta sea la clave de todo.

Nuestro primer contacto con esta actividad nos ha enseñado que no depende del qué, sino del cómo se lleve a cabo y sobre todo por la profesionalidad del operador. Hemos comprobado que si se realiza correctamente, la fotografía desde hides comerciales es una buena herramienta de conservación y concienciación social en el entorno rural. Y por el contrario, de forma inadecuada sí trae efectos negativos. Depende de cómo se implique la Administración, la balanza se inclinará de un lado u otro. Personalmente y con 30 años de experiencia, tengo que decir que he visto más impacto negativo en actividades científicas con manejo de fauna por personal no capacitado (y de estas he visto muchas), que la fotografía desde hides si se hace como es debido, en la que solo he observado ventajas para la conservación. Las iniciativas fotográficas inadecuadas, sencillamente no debieran estar autorizadas bajo ningún concepto.

Los hides no están exentos de cierta controversia por su posible impacto negativo para la fauna, sobre todo porque se trata de actividades de índole comercial. Si bien pueden tener efectos negativos si no se toman las mínimas precauciones, también tienen efectos positivos. Por otro lado, nadie duda de que las actividades científicas de manejo de fauna son siempre positivas para la fauna, cuando en realidad pueden ser nefastas en determinadas ocasiones. Esta desafortunada águila calzada fue fotografiada en Doñana. Le habían colocado un emisor en la espalda para seguimiento científico, pero de tal manera que el pájaro no podía apenas cerrar las alas ni volar correctamente -y mucho menos cazar-. Es muy poco probable que haya logrado sobrevivir a esta negligencia, que por suerte es poco frecuente.

La naturaleza no siempre es fácil de clasificar y a veces eso genera confusión. Actualmente nadie duda de la sostenibilidad del consumo de miel, aunque en muchos casos las colmenas se exprimen hasta la extenuación. Tampoco se cuestionan los safaris africanos, que no son sino inmensos hides fotográficos donde los turistas acosamos a la fauna hasta límites insanos. Nadie pone en duda el marcaje científico masivo de colonias de aves para un mejor conocimiento, aunque cada año causemos la muerte por estrés o dejemos lisiados a un buen número de individuos en aras de la conservación y la ciencia. Dicho de otra manera, una actividad verde o sin ánimo de lucro no tiene por qué ser completamente inocua para la fauna, ni una actividad comercial es invariablemente nociva. La buena gestión es capaz de identificar y minimizar los aspectos negativos y maximizar los positivos, para encontrar un equilibrio que beneficie a largo plazo a la fauna y a la gente que convive con ella.
En nuestra primera experiencia en Andalucía Occidental hemos encontrado dos iniciativas que nos han resultado muy positivas y que son totalmente recomendables: Alpasín (Córdoba) y Photo Nature Film (Cádiz). Son excelentes profesionales y sus iniciativas además conllevan una fuerte carga de conservación de las especies con las que trabajan. Con ellos hemos aprendido esas cosas que cuentan los libros sobre el comportamiento de la fauna y otras muchas que solo puedes escuchar de boca de un maestro y además nos lo hemos pasado como niños chicos sin necesidad de salir de nuestra propia tierra. Agustín y Antonio nos han contagiado su entusiasmo por la fauna y tenemos la certeza más absoluta de que pasando un rato con ellos, hemos contribuido a conservar la fauna de sus respectivos pueblos.

Alpasín en Adamuz, Córdoba, nos ha parecido una excelente empresa. Pasamos un rato fenomenal con ellos y su fauna y nos parecieron buenos profesionales. Se trata de una empresa nueva, con muchísimas ganas de hacer cosas y, sobre todo, de hacerlas bien. Gente seria, de excelente trato y muy recomendable. Nosotros al menos volveremos en cuanto tengamos la más mínima oportunidad.

El "mostruo", el maestro de las águilas. Es Antonio Atienza, de Photo Nature Film, en Algar (Cádiz). No sabría decir si es mejor como persona o como profesional, pero en todo caso es un lujo pasar unas horas en sus hides, aprendiendo lo que nos cuenta de cualquiera de los bichos que te enseña. Con él aprenderás esas cosas que no vas a encontrar en los libros de ciencia y además te vas a hartar de ver bichos. Un verdadero lujo.

Si esta actividad puede reportar algo bueno para la fauna y las personas, hagamos lo posible para que así sea, pero exigiendo todas las garantías que se consideren necesarias. Si además podemos pasar un rato inolvidable frente a un águila perdicera, un oso, un águila imperial o una abubilla, entonces no lo dudes: entra en un hide.

Mi amigo Antonio Ruiz (del magnífico blog Naturaleza y Viajes) y yo pasándolo como enanos en un hide con Antonio Atienza. Sencillamente un buen rato con buena gente.

6 comentarios :

  1. Pues he leído esta entrada, simplemente el hecho de usar presas vivas con el único fin de sacar una instantanea a algunas de nuestras rapaces....que quieren que opine.

    Entiéndase que lo que que voy a exponer a continuacion solo hace referencia a un numero afortunadamente para los naruralistas no muy grande de hides, ya que buena parte de los hides están enclavados o hacen uso visual de posaderos naturales de las aves, de lugares querenciados por ellas mismas sin forzar su comportamiento sin adaptarlas a un interés comercial.

    Conozco varios hides pero jamas he tirado una foto desde uno simplemente por principios, no veo ningún aliciente en fotografiar a una perdicera acostumbrada a venir a un comedero, cual cazador monárquico al que le ponen cebado un macho montes para que tan sólo tenga que apretar el gatillo, con la diferencia que para mí, atan a palomas o roedores vivos para que luego yo reciba muchos likes en facebook de una estupenda perdicera a la cual se la ve hasta la narina.

    En cuanto lo que comentan que la Administración también suplementa con presas algunas rapaces... convendría aclarar que esto se hace en contadas parejas después de un estudio previo sobre el alimento disponible en la zona de caza, un control sanitario de las presas a aportar, los días, la cantidad, duración del aporte... todo enfocado a supervivencia de una pollada nada mas, no al beneficio económico. Esto quiere decir cuando se deja un conejo en un cazadero despejado de una imperial si viene y lo coje perfecto si no perfecto también pues no lo necesita, se cambian de lugar precisamente para que no pierda su habito cazador y siga depredando por todo su territorio, te aseguro que son animales muy inteligentes y recuerdan perfectamente donde han conseguido una presa con el mínimo esfuerzo.

    Un hide dedicado a estas rapaces tiene la necesidad de que coma, de que sea allí donde vaya y no a otro lado el motivo simple alguien a pagado 150 euros para hacer la foto de su vida y si quiere que otro coleccionista de cromos vaya a soltar sus cuartos tiene que haber una alta probabilidad de que allí vaya la gran rapaz, o el azor, o el gavilán, o incluso el elanio.

    Desgraciadanente esto se consigue impregnado a la rapaz de que ese es su cazadero de que hay es donde esta la comida SIEMPRE, de que ahí no va a tener que realizar grandes picados ni agotadoras persecuciones tras una esquiva torcaz o un ágil conejo.
    Y todo para que unos se lleven unos euros y otros se lleven un nuevo cromo a su vacía colección.

    Realmente es muy triste ver como, siguiendo con las perdiceras, unos padres enseñan a "cazar" a su volantón en un hide.

    Es lamentable, escudarse o justificar que así habría una concentración mayor de rapaces en zonas "seguras" fuera de los peligrosos tendidos eléctricos o del azote del veneno...

    Supongo que no lo habré entendido bien y no se habrá querido decir aquí, que la solución para luchar contra la electrocución de nuestras aves o su envenenamiento es concentrar su población alrededor de un hide....de pago claro.

    Y si queremos entrar en los efectos "colaterales" que sobre un territorio de unas rapaces cazadoras tiene un hide... Pues hay también para rato, no depredan, no hacen ningún control sobre sus presas naturales, no actúan de seleccionadores naturales ni de mitigadores de posibles enfermedades o malformaciones....

    ....ni para ellas mismas en la naturaleza sólo los mas fuertes, sanos y aptos sobreviven es gracias a esto por lo que hoy en día disfrutamos de estos prodigios de la naturaleza, esto puede cambiar ahora no hace falta ser el mas sano, el mas fuerte, el mas dotado para la caza...ahora la paloma esta atada con hilo de nylon.

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    1. Hola Jose. Muchas gracias por tu comentario. Es un punto de vista diferente y por lo tanto, muy enriquecedor.

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  2. Bravo! Un estupendo trabajo. Muy bien explicado y que debería servir como punto de partida para las Administraciones y que el uso de hides fuese regulado como Dios manda. Aquí en Navarra la cosa está muy verde en ese sentido y nos falta mucha perspectica aun. Aquí gana el cazador y la Administración está de su lado...Guardas, etc encaminan sus esfuerzos a perseguir al fotógrafo en vez de dar alas a este tipo de iniciativas...Lo dicho, bravo!

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    1. Hola Oscar. Mil gracias. Bueno, estamos empezando y hay mucho camino por andar. Hay que trabajar porque los beneficios que reporten para la conservación, sean mayores a los perjuicios. Bien hecho es bueno, y mal hecho puede ser terrible.

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  3. Querido Íñigo, genial post, como cualquier otro publicado.

    Menudas fotos, ya enfocadas incluso! Sobre todo wena wena la última, jajajaja...

    Un fuerte abrazo!!!

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    1. Muchas gracias hermano. Sí, han sido buenos momentos. De vez en cuando son muy necesarios y sobre todo si me da por enfocar bien jajajaja. Gracias mostruo :-)

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