domingo, 8 de julio de 2018

He estado malito: las desventajas de viajar a ver bichos

He estado malito las últimas semanas y por esta razón la nueva entrada del blog ha salido con mucho más retraso de lo normal. Viajar por el mundo es muy enriquecedor, qué duda cabe, pero también tiene “efectos colaterales” y entre los más desagradables está contraer determinadas enfermedades tropicales, que es precisamente lo que me ha dejado fuera de combate, una vez más. He aprovechado la ocasión para hablaros un poco de ellas, qué son, cómo se contraen y qué efectos pueden tener sobre nuestra salud. Es un poco escatológico describir algunas en concreto, pero puede ser de utilidad si decides viajar por el mundo ¿Te hace la idea?

Fiebres peligrosamente altas, noches terribles, diarreas incontrolables que te secan en vida, escozores de tal magnitud que hacen que te quieras restregar el culo con un cactus, mareos, vómitos, hemorragias, convulsiones, tiritonas, alucinaciones, visión borrosa, dolores abdominales insoportables, gusanos deambulando por el cuerpo, …, son algunos de los síntomas que experimentamos y que son producidos por las enfermedades que se pueden contraer ahí fuera, a veces incluso tomando precauciones. Es el precio a pagar por llegar hasta los lugares donde se encuentran los bichos que perseguimos y que tantas ganas tenemos de ver. Aunque no hay rincón en el globo que garantice el viaje perfecto, si vamos a zonas tropicales hay ciertos bio-riesgos que es necesario conocer, porque nuestra vida puede ir en ello si se trata de algunas patologías mayores. Hacer un recorrido por cada una es imposible, porque son tantas y tan crueles que no serías capaz de soportarlo, pero al menos te contaremos lo esencial.

Os presento a la Glossina, más vulgarmente conocida como Mosca Tse-Tse. No solo produce un dolor terrible cuando te muerde y te introduce toda la trompa espinosa que ves en la foto, sino que además al hacerlo transmite la letal enfermedad del sueño, una tripanosomiasis producida por un protozoo. Cuídate si vas a zonas de riesgo.

Lo primero que debemos saber es que se clasifican en dos tipos según el agente causante y en conjunto reciben el nombre de enfermedades del viajero o más técnicamente, infecciosas y parasitarias. Entre las infecciosas más habituales en los viajes se encuentran las producidas por virus, bacterias y protozoos, mientras que las segundas las sufrimos por la crueldad inmisericorde los parásitos, internos en mayor medida. Por otro lado tenemos que saber que cada enfermedad entra en su víctima, es decir nosotros, a través de un vector y esto es importante; si evitamos al vector evitamos la enfermedad, o al menos reducimos bastante las posibilidades de contraerla.
Los vectores son de dos tipos: insectos, que con su picadura nos inoculan al agente causante o bien mediante la comida/líquidos que ingerimos en estado contaminado. Estas son las vías de infección más habituales, si bien existen otras más directas como el simple contacto con personas infectadas como por ejemplo el famoso ébola, causado por un virus altamente contagioso.

Ahora hablemos de las enfermedades infecciosas, que son las que una vez que ingresan en el organismo a través de su vector correspondiente, invaden los tejidos hasta destrozarlos y contagiar a otras personas del entorno. La comida y la bebida son los vectores más habituales en nuestro caso y por lo tanto es lo primero a que prestaremos atención cuando viajemos. La comida y el agua puedes estar contaminadas con bacterias causantes de toxi-infecciones alimentarias (denominadas clínicamente como TIAs), que se traducen en diarreas, fiebres, vómitos, gases, dolores abdominales agudos y deshidratación suficiente como para amargarte el viaje de novios. Todo esto se lo debemos en su mayor parte a bacterias de todos conocidas como la Escheriquia coli y sus numerosas cepas, así como a las salmonelas (incluida la causante del tifus), además de clostridios, estreptococos y estafilococos,…. No podemos olvidarnos de la más cabrona de las bacterias causantes de TIA: la apocalíptica Vibrio cholerae. Puede que ese nombre no te diga nada, pero seguro que sí has oído hablar de la enfermedad que causa: el cólera, que se transmite por ingerir alimentos contaminados con la materia fecal de otra persona infectada. A grandes rasgos, el cólera es mortal porque la pérdida de líquidos por la diarrea es tan acusada, que hace que el corazón multiplique su trabajo para bombear una sangre cada vez más escasa y espesa, hasta que produce la muerte por agotamiento.

Una de las cosas que más atrae nuestra atención cuando viajamos a regiones tropicales, es sin duda la comida. Debemos estar especialmente vigilantes, ya que una enorme parte de las enfermedades que podemos contraer viene por esta vía. Evitemos comer cosas poco o nada cocinadas y si son frutas o verduras, es bueno asegurarse de que no han estado en contacto con aguas fecales o manipuladas por manos que sí han estado en contacto con virus, bacterias o protozoos.

También hay protozoos causantes de TIAs a través de alimentos o bebidas contaminadas, como las terribles y despiadadas amebiasis (causadas por la ameba Entamoeba hystolitica), la coccidiosis (transmitidas por los coccidios Eimeria e Isospora) y la giardiasis (que es producida por la Giardia lamblia), este último un protozoo tan bonito como funesto. Todas causan graves problemas intestinales, con síntomas parecidos a las bacterianas. La coccidiosis causa diarreas hemorrágicas, porque deshace literalmente los epitelios intestinales. Los virus igualmente pueden ser causantes de problemas infecciosos y en nuestro caso más cercano debemos hablar del causante de la Hepatitis A, que se transmite a través de la comida contaminada con materia fecal infectada por el virus.

Para poner algo de optimismo, diremos que las TIA no tienen por qué pasar siempre. No todo el mundo las contrae e incluso una gran parte de quien lo hace tan solo experimenta leves trastornos gastrointestinales que apenas duran un par de días, permitiéndonos continuar con nuestro viaje sin mayores inconvenientes. Lo que hemos comentado anteriormente son casos extremos, que tienen lugar si visitamos áreas remotas, donde las condiciones de vida humana atraviesan dificultades. Lo mejor es evitar estos lugares y extremar en la medida de lo posible la higiene en los alimentos que vamos a comer y su preparación, huyendo de platos poco o nada cocinados y lavándonos las manos antes de sentarnos a la mesa. Es recomendable evitar comida servida en las calles sin las debidas garantías, así como evitar beber agua del grifo y que no sea debidamente embotellada y servida. Lo malo es que no sirve de nada que nosotros extrememos las precauciones si luego comemos en un lugar donde no lo hacen.

Si bien la población local está más adaptada que nosotros a las enfermedades tropicales, existen numerosas patologías que se ceban con la gente del entorno. En la imagen unos niños desnutridos con diversas patologías derivadas de vivir de una manera que no debiéramos permitir. Lugar, podría ser cualquiera, pero en este caso es en el centro de África.

Le toca ahora el turno a las enfermedades parasitarias, para mí las más fascinantes, con unos ciclos vitales propios de una película de la saga Alien. Hay gusanos parásitos, como el Loa-loa, que viven en la cornea de los ojos humanos. En los oxiuros, destacando al Enterobius vermicularis, las hembras viven en el intestino humano y salen por la noche por el recto mientras la persona duerme plácidamente. Es entonces cuando, haciendo uso de un aguijón, inoculan sus huevos bajo la piel del esfínter anal. Esto produce un picor horroroso (te lo aseguro), diseñado por el parásito para que, sin darte cuenta, te rasques enérgicamente hasta levantarte la piel y se te peguen los huevos a la mano, que luego pasan a la boca y los alimentos, cerrando así un nuevo ciclo en otro hospedador ¿Quieres saber si estás parasitado por oxiuros? La prueba es tan humillante como desagradable. Antes de irte a la cama tendrás que fijar a tu esfínter anal una cinta adhesiva transparente y dormir con ella puesta. Durante la noche las hembras se quedan pegadas al salir a poner los huevos. Por la mañana debes quitarte la cinta de un tirón brusco, conteniendo los gusanos y huevos -y parte de ti mismo también-. Una vez logrado lo pegas en un porta de cristal y lo llevas al laboratorio. Otras estrategias parasitarias fascinantes son las de Ancylostoma duodenale, causante de la ancilostomiasis: la larva vive en el barro de las zonas pantanosas, esperando pacientemente hasta que se introduce a través del pie descalzo que transita por en cenagal (siempre hay turistas dispuestos a ello en zonas de riesgo). De ahí pasa al torrente circulatorio, que la lleva hasta el corazón. Una vez allí se transforma en otra larva, que migra hacia los pulmones para pasar después al intestino. Aquí se convierte en adulto, encuentra pareja, copula y libera los huevos de un nuevo ciclo, que salen con las heces al exterior, eclosionando las larvas en el barro hasta que encuentran otro turista descalzo. También hay larvas parásitas que se alimentan del músculo de las personas y puedes verlos pasear libremente bajo la piel y hasta salir a respirar, e incluso moscas y pulgas que ponen sus larvas en tu piel y se alimentan de tu carne sin que puedas hacer nada por evitarlo (como las famosas niguas), eso sin olvidarnos de los parásitos que causan elefantiasis, por la filariasis linfática producida por el gusano Wuchereria bancrofti.

Las heces fecales son uno de los vectores más habituales de transmisión de enfermedades infecciosas y parasitarias que podemos contraer en los viajes, ya sean humanas o de animales. En la imagen, un excremento de gorila en África Central. 

Sin embargo lo más normal entre los parásitos, es que se ingieran sus huevos junto con la comida o la bebida contaminada con aguas fecales. Una vez en el tubo digestivo del hospedador, las larvas eclosionan, maduran y se alojan en nuestras tripas, donde a su vez liberan huevos que salen con las heces al exterior para una nueva ronda infectiva. Así lo hacen la mayor parte de las lombrices y tenias intestinales (nematodos y cestodos respectivamente) como Ascaris, Toxocara, Truchuris o Taenia, que son los que solemos adquirir en los viajes.

Pero aquí no acaba la cosa. Los insectos (mosquitos, moscas, chinches o garrapatas generalmente) también juegan su papel como vectores, fundamentalmente porque al picarnos nos transmiten los protozoos que causan enfermedades a tener en cuenta: malaria (todas las especies de Plasmodium), chinkungunya, enfermedad del sueño/ chagas (tranosomiasis) y dengue (incluida la variedad del maguaro). Los insectos también transmiten algunas bacterias como Yersinia pestis, causante de la famosa peste bubónica, a través de las picaduras de pulgas. Pero no solo protozoos y bacterias; los mosquitos también portan virus maliciosos, como el causante de la letal fiebre amarilla, tan peligrosa que algunos países –entre ellos el nuestro- no dejan entrar o regresar a quienes han estado en países de riesgo, salvo que muestren en la aduana la cartilla de vacunación en regla.

De las patologías graves que hemos mencionado, tal vez la más frecuente es la malaria, muy especialmente la causada por el protozoo Plasmodium falciparum, propia de las regiones tropicales. Esta variedad malárica es mortal en muchas ocasiones y se ha llevado la vida de no pocos viajeros, por lo que debemos estar especialmente atentos.

Siempre que sea posible es preferible adoptar todas las medidas a nuestro alcance para evitar a los vectores. Una de ellas es dormir con mosquitera, con lo que evitamos a los insectos, cuyas picaduras, además de molestas o producir reacciones alérgicas desmesuradas, pueden transmitirnos algunas de las enfermedades más peligrosas en las regiones tropicales.

El maguaro, una variedad de dengue, me dejó fuera de juego durante una estancia prolongada por trabajo en la selva sudamericana. No son lugares ideales para caer enfermo.

Si después de leer esto sigues teniendo ganas de viajar, entonces no hagas ni puto caso de lo que he contado. No dejes que el miedo te amargue un viaje, o peor aún, que te impida hacerlo. En la actualidad es posible viajar seguro y minimizar los riesgos de contraer cualquier porquería de las que hemos estado hablando. En España tenemos la suerte de contar con un servicio de Sanidad Exterior y un centro de vacunaciones verdaderamente eficaz, donde te asesorarán tras pedir la correspondiente cita (pídela con suficiente antelación). Por regla general son profesionales muy preparados y dispuestos a tranquilizarte con soluciones prácticas; sigue sus indicaciones y pautas de medicación y disfrutarás de un viaje libre de infecciones y parásitos. Otro consejo fundamental es que te vigiles exhaustivamente hasta un mes después de tu llegada si has estado en países tropicales, ya que muchas enfermedades requieren de un tiempo de incubación previo, dando la cara días o semanas después de que hayas regresado; presta atención a la aparición de síntomas de tipo gripal con fiebre y si es el caso, acude inmediatamente al médico contando dónde has estado.

Pústulas infectadas en nuestras mortificadas carnes, fruto de la inmisericorde mordedura de la mosca Tse-Tse. 

Este es el aspecto que muestra tu tobillo después de unas pocas picaduras de la Tse-Tse. 

En nuestro botiquín debemos siempre contemplar la necesidad de llevar antihistamínicos, fármacos para prevenir los mosquitos, tratamientos antimaláricos, así como todo lo que nos recomiende Sanidad Exterior, en función del lugar al que viajemos.

Yo por mi parte, "despasito despasito", ya me estoy recuperando de la enfermedad tropical que me ha tenido bastante tiempo fuera de juego, una de las muchas a las que me he ido acostumbrando con los años. Es el pequeño tributo a pagar por disfrutar de un planeta fantástico lleno de atractivos por descubrir, aunque a veces tenga estas pequeñas cosas :-)
¡Hasta la próxima!

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