jueves, 13 de septiembre de 2018

Lemures de Madagascar: mitad jinetas, mitad monos

Tuve en la facultad un profesor de antropología que me contagió su fascinación por los primates, así que en cuanto tuve la ocasión no dudé un instante en hacer la mochila para ver con mis propios ojos lo que contaban los libros de ciencia. He conocido a los más grandes y también los pequeños, desde las selvas sudamericanas, hasta las centroafricanas y las asiáticas. He tenido la enorme fortuna de ver de cerca gorilas en libertad y hasta he intentado seguir por el bosque a chimpancés que cazaban colobos; también he visto cercopitecos, orangutanes, monos aulladores, nocturnos, arañas, titíes, gibones, narigudos, langures,..., e incluso los raros y esquivos loris, galagos y potos... Pero aún me faltaban unos que son únicos; mitad jineta mitad mono, que solo encontramos en un rincón del planeta y cuyas poblaciones se encuentran jugando a la ruleta rusa con la extinción: los lemures de Madagascar. Te invito a conocer a estos traviesos duendecillos, antes de que nos abandonen para siempre.


Los lemures son un grupo de primates exclusivos de la isla de Madagascar, lo que significa que si quieres verlos en su medio, tienes que viajar hasta allí como hacen miles de personas cada año. La mala noticia es que sus poblaciones no atraviesan su mejor momento; muchas especies se han extinguido y otras están camino de hacerlo. 

Hay más preguntas que respuestas sobre su origen, porque no se parecen en mucho al resto de los primates. Ni siquiera los estudiosos se ponen de acuerdo en su clasificación, pero lo que sí es cierto es que son endémicos de Madagascar y se encuentran entre los mamíferos más amenazados. Se piensa que llegaron a la isla hace poco más de 60 millones de años, algo después de la desaparición de los dinosaurios y por descabellado que parezca, se cree que cruzaron el mar desde África a bordo de algún tipo de balsa natural. Nadie sabe a ciencia cierta cómo ni cuantos llegaron por primera vez procedentes del continente, pero sí que su inteligencia es asombrosa, al igual que la capacidad de adaptarse al medio. Una vez desembarcados aquellos primigenios primates africanos evolucionaron sin apenas depredadores, en una isla de mayor tamaño que España, que les brindaba multitud de ecosistemas que no tenían que compartir con nadie. El resultado es lo que conocemos hoy, una destacable diversidad de 5 familias con más de cien especies distintas y que aumenta a medida que la ciencia avanza en su conocimiento. Lo malo es que el 95% de ellas se encuentra en franca regresión, una cuarta parte con alta probabilidad de desaparecer antes de 40 años y más de 30 especies ya exterminadas por la acción humana. Como ves, hay razones para que les dediquemos unos minutos.

Los antecesores de los lemures llegaron a la isla hace millones de años, y según los científicos lo debieron hacer a bordo de balsas naturales más bien por azar. Una vez en la isla estas formas de vida prosperaron de manera asombrosa, ya que había multitud de nichos a su disposición y la ausencia de depredadores importantes. En la foto un Sifaka Saltarín o de Verreaux.

Algunas especies son fáciles de identificar, pero en la realidad se trata de un grupo bastante complicado para cuya identificación es necesario una buena guía de campo impresa en papel (no te fíes del mundo digital en la selva). En nuestro caso pudimos defendernos gracias a la experiencia de nuestro guía profesional Hery.

Hay mucha gente interesada en los lemures y por eso Madagascar -también llamada La Isla Continente- recibe miles de visitantes que quieren conocerlos de cerca. A diferencia de otros primates, los lemures son bien conocidos por no temer la presencia de las personas. No hay muchos lugares en el planeta donde puedas sentarte tranquilamente junto a un mono, sin tener que arrastrarte entre la maleza para observarlos a escondidas o preocuparte por no causarle un estrés innecesario; aquí no hace falta, básicamente porque a ellos tu existencia les importa un bledo, más bien al contrario, porque algunos son tan curiosos que se acercan a cotillear como mi vecina en el pueblo. La "casi" ausencia de depredadores hace que no nos reconozcan como una amenaza, lo cual resulta paradójico si tenemos en cuenta que somos la única causa que los está esquilmando.

Describirlos como seres curiosos no sería del todo exacto. Su grado de curiosidad excede los límites de lo que estamos acostumbrados con la fauna de nuestras latitudes y como ejemplo ahí tenéis esta foto con un Lemur Pardo con ganas de comprobar qué tal ha salido en la foto.

Un Sifaka de Verreaux (Propithecus verreauxi) con su cría se acerca a curiosear nuestra presencia en el Parque Nacional del Isalo, al sur de la isla.

Para nuestro viaje quisimos contar con el mejor de los guías y tuvimos la enorme suerte de contactar con Hery Adrianiantefana, un local fascinado por los lemures. Para muchos entendidos es el mejor y ha trabajado como asesor en filmaciones del National Geographic. Con o sin Hery, te recomiendo que vengas a Madagascar. Tendrás la oportunidad de ver paisajes impresionantes, selvas húmedas, ríos torrenciales, desiertos, cañones inmensos, baobabs, playas paradisíacas, un espectacular patrimonio etnográfico..., y también al mono más pequeño del mundo, que por supuesto es un lemúr, el diminuto Lemúr Ratón. Hay varias especies de ellos, la mayor parte descubiertas recientemente. Todas pertenecen al género Microcebus, de hábitos nocturnos y tamaño similar al de un ratón de campo. Sus depredadores más destacados son las rapaces nocturnas (el búho chico y la lechuza de Madagascar) y la Fossa fossana, un carnívoro endémico muy parecido a una jineta. Los lugareños los atrapan fácilmente para mantenerlos como mascotas, restregando un trozo de plátano por las ramas de los árboles para atraerlos y agarrarlos con la mano.

De derecha a izquierda nuestro excelente y afamado guía, Hery Adrianiantefana, el menda, y los ayudantes de Hery, Marcel y Jody.

Pero también hay lemures comparativamente enormes, como el famoso Indri (Indri indri) o Rey de los Lemures, que con casi 10kg de peso es el mayor de todos los actuales. Es monógamo, de hábitos diurnos y se encuentra críticamente amenazado. Los últimos indris se acantonan en las selvas orientales de la isla, donde los lugareños lo conocen como "el abuelo". Quedan tan poquitos que no es difícil encontrarlos si cuentas con un buen guía. Sus aullidos característicos los delatan en kilómetros a la redonda. El aspecto los asemeja a los osos panda, en gran medida por su ternura y es probablemente la especie que más gente atrae para la observación y el ecoturismo. No se ha logrado aún reproducirlo fuera de su selva, lo que induce a los científicos a pensar en una extinción cercana; por eso si sueñas con verlo algún día, es mejor que te des prisa.

Hemos hecho una expedición a la reserva de Andasibe-Mantadía en busca de "el abuelo" o el lemur más grande de todos, el legendario Indri (Indri indri) y hemos tenido la suerte de encontrarnos con este imponente macho. Todo un lujazo. 

Cuando hablamos de lemures nos viene a la cabeza la imagen del más popular, el de cola anillada (Lemur catta), caracterizando al Rey Julien en la película de animación "Madagascar" o por ser utilizado en multitud de logos por su apariencia simpática y traviesa. Pero los lemures son más que eso. Como hemos apuntado son un grupo bastante diverso, que a grandes rasgos se estructura en seis grandes grupos: los Pardos, los llamados "Deportivos", los comedores de bambú, los Sifakas, el Indri, los Ratón y el más raro de todos ellos con una sola especie, la que para muchos es la criatura más estrambótica y peculiar del Planeta Tierra: el Aye Aye (Daubentonia madagascariensis). Si lo ves de cerca parece un alienígena hasta arriba de ácido lisérgico, que ha metido los dedos en un enchufe y es tan complicado verlo por la noche que no tengo fotos de una calidad aceptable para ponerlas en el post. También son populares los sifakas, destacando los saltarines o de Verreaux, un espectáculo asombroso que no puedes perderte si decides venir a La Isla.

El Lemur de Cola Anillada (Lemur catta) es posiblemente el más popular de todos ellos. Si quieres verlos a placer, lo mejor es que te asomes a la Reserva Privada de Berenty, un verdadero paraíso para la fauna, destacando además los zorros voladores y las rapaces nocturnas. 

Un macho de Lemur Pardo de Frente Roja (Eulemur rufus) se muere de ganas de acercarse a cotillear lo que estamos haciendo, en un rincón del parque de Ranomafana, en el Este de la isla. Se trata de una especie abundante y, como se puede deducir, bastante fácil de ver.

Otro cotilla descarado, esta vez un Lemur Pardo Común (Eulemur fulvus) en Perinet. Esta especie y la de arriba están emparentadas en el grupo de los denominados "lemures verdaderos". Son especies muy sociales, estando algunas de ellas a punto de desaparecer. 

Mi bicho favorito. Tiene cara de marciano y se llama Hapalemur griseus. No tengo ni la más remota idea de su nombre en castellano, en caso de que lo tenga, pero vendría a ser algo así como Lemur Pequeño Occidental del Bambú. Creo que suena mucho mejor su nombre científico. Está amenazado. El encuentro con este pequeño marciano fue en Andasibe, donde todavía es abundante, aunque según nos dicen los científicos, será así por poco tiempo. Se alimenta de cañas de bambú.

Sifaka de Diadema o Propithecus diadema. A este mono le quedan pocas opciones de futuro, estando clasificado por la UICN como en peligro por pérdida de hábitat. Como se aprecia en la foto, que me costó un montón hacerla después de resbalarme por la ladera y romper el flash de la cámara, se puede ver que tiene un collar de radio seguimiento. Quedan tan pocos que los que hay suelen estar marcados por los científicos para conocer bien sus movimientos. 

Un Lemur Deportivo de Pies Blancos. Así de horrible suena su nombre en español. Es mejor llamarlo por su nombre científico, Lepilemur leucopus, fotografiado por la noche alimentándose de hojas de cactus gigante. Se trata de otra especie amenazada que no tiene demasiadas esperanzas de futuro por la pérdida de sus hábitats. Esta foto está hecha a la luz de la luna en los bosques de cactus gigantes de la Reserva de Berenty.

Los Lemures Ratón pertenecen al género Microcebus y no son mayores que un hamster. Son los primates más pequeños del mundo y solo los encuentras en Madagascar. 

¿Y cómo no poner esta foto? Es un Sifaka de Verreaux haciendo lo que todo el mundo viene a verles hacer: saltar y desplazarse a brincos por el suelo para cruzar grandes extensiones desarboladas. Tengo que confesar que es uno de los espectáculos más flipantes de todos los que un lemur puede ofrecer. El mejor sitio para verlo es en la Reserva de Berenty, aunque con suerte puedes verlo allí donde esta especie está presente. Ojo, no lo hacen siempre, así que es necesario un poco de suerte.

Cada uno de los grupos es un mundo de adaptaciones y formas de vida, repartiéndose por la isla en función de sus preferencias de hábitat. En cuanto a la dieta de los lemures, aquí también existen importantes variaciones. Los hay que comen casi de todo, como el de cola anillada, aunque otros lo hacen exclusivamente a base de bambú, fruta, hojas, insectos, flores y jugos vegetales. Lo mismo pasa con los hábitos y hábitats que ocupan. Mientras que algunas especies son diurnas, otras duermen durante el día y si unas están por todas partes, otras se refugian en ecosistemas y reservas exclusivos, como bosques de cactus gigantes, selvas primarias, espacios abiertos, matorral,...

Un Hapalemur aureus o Lemur Dorado del Bambú. Especie muy esquiva y amenazada que se alimenta en exclusiva de bambú. Nos costó bastante seguir a este bichejo por la selva hasta encontrarlo, pero mereció la pena. 

El Prolemur simius o Lemur Grande del Bambú es una especie críticamente amenazada. Se alimenta exclusivamente de bambú, igual que los osos panda. Es una especie única en su género y obviamente resulta difícil encontrarlos, incluso allí donde se encuentran sus últimas poblaciones. Solo pudimos verlo una vez.

Los lemures disfrutan de un pequeño Edén particular, "casi" libres de depredadores, pero veamos cuáles son estas excepciones y a qué tipo de peligros están expuestos. No existen grandes rapaces en la isla y las pocas que hay no se alimentan de monos, como sí sucede en el trópico africano, sudamericano y asiático con las águilas comedoras de monos. Tampoco hay grandes rapaces nocturnas, como los búhos reales. Por eso las mayores preocupaciones a las que diariamente se enfrenta un lemúr no proceden de arriba, sino de abajo. Si bien la Fossa fossana y las rapaces nocturnas suponen un riesgo para los lemures ratón, la pesadilla de cualquier mono malgache tiene nombre y apellidos: la Fosa (Cryptoprocta ferox), el pirata de la isla. Se trata de un carnívoro perteneciente a una familia zoológica exclusiva, de aspecto muy similar al de un meloncillo gigante de 15kg de peso y que recuerda al puma. El nombre científico hace referencia a que su ano está escondido dentro de un pliegue de la piel a modo de bolsa y también a que tiene muy mala leche. Su voracidad es formidable, hasta el punto de estar considerada la primera amenaza para las especies de lemures en estado de conservación más crítico. Es capaz de correr en tierra, desenvolverse bien en las copas, saltar de árbol a árbol y en un alarde de extrema agilidad, puede recorrer los troncos cabeza abajo. Durante una estancia para conocer de cerca los trabajos de conservación con el amenazadísimo Sifaka de Eduards (Prioopithecus edwardsi), la Fusa dio muerte a cinco de los 6 últimos individuos censados en la zona, que estaban sujetos a un férreo seguimiento científico, trayendo resultados desastrosos para el programa.

La Fossa fossana es el menor de los depredadores de la isla. Se parecen bastante a nuestras jinetas, aunque pertenecen a un grupo zoológico distinto. 

La Fosa (Cryptoprocta ferox) es la pesadilla de los lemures. Es su principal -o único- depredador y es una especie de puma en miniatura, evolutivamente muy emparentado con los meloncillos. Debe su nombre a que su ano está escondido en una bolsa y a que tiene muy mala leche. No es fácil verlos, pero a veces suena la campana si hay un poco de suerte.

No todo son ángeles en el paraíso. Aunque la vida salvaje bulle en Madagascar, la sombra de la extinción se cierne sobre la mayor parte de sus muchas formas de vida, humanos incluidos. La razón es sencilla y muy fácil de ver nada más pisar suelo malgache: los índices de pobreza en torno al 70%, lo sitúan en el puesto 7 de los 10 países más pobres del planeta, junto con Eritrea, Rep. Dem. del Congo, Haití o Burundi. Hace un año se desató un brote de peste en la isla, matando a 124 personas en apenas cinco días y afectando a unas 1.500. No es de extrañar por tanto que multitud de personas desesperadas hagan cualquier cosa con tal de buscarse la vida, aunque esto pase por sentenciar su futuro talando sus propios bosques o cazando de forma furtiva todo aquello que sacie el hambre más inmediata. Por eso, cada nuevo día para un lemúr es un rayo de esperanza y cada árbol que se salva de la tala indiscriminada, una batalla ganada.

Es cierto que los parques nacionales malgaches no son los mejor organizados del mundo, ni los más equipados, ni los más atractivos para un turista convencional que busque comodidades. Pero no es menos cierto que albergan especies únicas en el mundo y que son la última esperanza para un pueblo que vive en la pobreza. Las perspectivas de futuro no son buenas ni para los lemures ni para las personas de La Isla, por eso debemos apostar por sus parques. Si pierden eso, lo habrán perdido todo.

A pesar de todo ello, o mejor dicho, precisamente por todo ello, te recomendamos que vengas a La Isla. Tal vez el turismo de naturaleza sea el único clavo ardiendo al que pueden aferrarse, porque el mundo les ha dado la espalda. Hay cientos de lugares que merecen la pena y de hecho están considerados como puntos calientes de diversidad del planeta, pero si lo tuyo son los lemures, no dejes de visitar Berenty, Andasibe, Mantadia, Ranomafana, Isalo, Tsingy, Antrema, Aye-Aye Island,..., según las especies que atraigan más tu atención. Haciéndolo no solo disfrutarás tú, sino que ayudarás a las personas y a la fauna. Es uno de esos viajes que no olvidarás ¡¡te lo aseguro!!.

No te digo más ¡¡Haz la mochila y vente a Madagascar!!

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