lunes, 15 de octubre de 2018

Se ha apagado una estrella. La heroína que le ganó la guerra al veneno

Habitualmente relegamos a los superhéroes a una tarde en el cine y olvidamos que en la vida real también existen, aunque tengan un aspecto diferente. En la lucha por la conservación de la naturaleza tenemos algunos y los seguirá habiendo mientras quede algo por conservar, a pesar de que sus historias no salgan a la luz. Hay una auténtica heroína llamada Cleo, que ha hecho historia en la lucha contra el veneno, el mismo que mata miles de seres vivos cada año y ha extinguido a tantas poblaciones de especies amenazadas. Cleo nos ha dejado recientemente, después de una larga vida consagrada a buscarlo, eliminarlo y contribuir a llevar a los culpables ante la justicia. Sus aventuras se cuentan por centenares y su trabajo se traduce no solo en un buen número de delincuentes imputados, sino especialmente por las muchas muertes que ha evitado, incluidas las de seres humanos. Su labor ha sido una de las mayores contribuciones a la conservación de la naturaleza en España y sin embargo muy poca gente conoce su existencia por una sencilla razón: no es una persona, sino un componente de la Unidad Canina Especializada en la lucha contra el veneno. Para los entendidos ha sido el mejor perro del mundo en su especialidad y para los que la vivimos, una compañera inolvidable. Os contaré la historia de Cleo, cómo vivió y por qué siempre tendrá un lugar en nuestros corazones.

Esta es La Reina Cleo, nuestra protagonista de hoy. Vino al mundo en 2006 y se fue en 2017 dejando tras de sí una auténtica leyenda.

Cleo nació en marzo de 2006 en una camada de pastores alemanes. Su fuerte carácter, una desbocada energía y un sentido excepcional del olfato despuntaron con diferencia entre el centenar de cachorros candidatos para formar parte de la Unidad Canina Especializada en la lucha contra el veneno de la Junta de Andalucía (UCE), captando la atención de José Luis, su ojeador. Apenas destetada ya desbordaba al resto de la camada y pronto fue seleccionada para someterla a un adiestramiento estricto y espartano. A diferencia de otros perros, que requieren un proceso prolongado que no siempre superan, su aprendizaje fue rápido. Solo había un inconveniente, controlar la explosión de potencia cada vez que salía a trabajar en el medio natural. Jamás un perro del medio centenar que han compuesto las UCE fue tan impulsivo y de espíritu tan salvaje, pero al mismo tiempo tan devoto en lo que acabó siendo su única pasión: salir al campo como alma que lleva el diablo para encontrar cebos envenenados.

Agotada tras una interminable inspección durante el tórrido verano andaluz, Cleo se refresca entre el barro. Cuando hice esta foto ella era aún muy jovencita y alocada.

Por razones profesionales tuve el honor de trabajar con Cleo desde sus primeras actuaciones, hasta prácticamente el final de sus días. Superada la fase inicial de adiestramiento, entró en plantilla en 2007 como perro detector de veneno para la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, siendo aún casi un cachorro. Al principio estaba alocada y fuera de control, pero los años templaron lo que acabó siendo la mejor perra rastreadora de veneno que hasta la fecha haya existido. Siendo aún muy jovencita durante una inspección prolongada en el lugar donde habían aparecido numerosos animales muertos, Cleo detectó olor a veneno pero la falta de viento y el calor insoportable no le permitieron hallar la localización exacta de los tóxicos. Cuando al cabo del rato consiguió hallar el primer cebo, estaba tan agotada y jadeante que sin querer su lengua rozó el cebo impregnado de aldicarb. A los pocos segundos comenzó a convulsionar y estuvo a punto de morir de no haber sido por la inmediata reacción de su segundo y definitivo adiestrador, también llamado José Luis, quien le inyectó los antídotos necesarios para salvarle la vida.

Cleo, o lo que es lo mismo, una explosión de vigor y energía que vivió haciendo lo que era su verdadera pasión: buscar veneno en el medio natural,...., y encontrarlo.

Y un ejemplo de sus resultados. Ha encontrado los restos ya esqueletizados de un tejón envenenado.

Desde los inicios resultaba evidente que no se trataba de una perra cualquiera y así nació la leyenda. Allí donde prestaba sus servicios dejaba atónitos, tanto a nosotros mismos como a los delincuentes a quienes año tras año iba dejando al descubierto. En ocasiones los envenenadores escondían botes con veneno en lugares secretos para luego llevarlos a otros más seguros y así despistar a la UCE. Pero Cleo encontraba todos los escondites vacíos hasta dar con los tóxicos en los lugares más inverosímiles. Si bien los perros de las UCE pueden considerarse superperros especiales, Cleo era la mejor, marcando la diferencia. Nunca decepcionaba y siempre acertaba donde oros perros podían fallar. Cuando era necesario realizar un trabajo fino o el envenenador sospechoso era más hábil que nosotros y lograba darnos esquinazo, teníamos la confianza de que sacándola a trabajar acabaría por desenmascararlo, por muy bien escondidas que estuvieran las sustancias prohibidas. Día tras día José Luis y Cleo, Cleo y José Luis acabaron convirtiéndose en una de las herramientas más formidables que una Administración Pública ha tenido jamás para conservar nuestro patrimonio natural y esta fue una de las varias razones por las que durante años y con un esfuerzo titánico, se fue consiguiendo reducir sustancialmente el uso de veneno en el complejo mundo rural andaluz.

En este secuencia de fotos os mostraré lo que era un día de trabajo en la vida de Cleo. Tras recibir aviso de uso de veneno en cualquier lugar de Andalucía, la Unidad Canina llega al lugar indicado y en el mismo vehículo los perros se preparan para hacer el trabajo para el cual han sido entrenados. A la izquierda Aura. A la derecha Cleo, muy impaciente por salir a escena tras un largo viaje por carretera.

Por fin le toca el turno a Cleo. Una vez ha salido del vehículo, recibe las oportunas instrucciones de José Luis, su compañero y adiestrador. Entre ellos se comunican a la perfección y, sin utilizar palabras, él sabe cómo darle las instrucciones necesarias para empezar a trabajar. 

Cleo no puede aguantar más y una señal de José Luis hace explotar toda su energía contenida. Una mala noticia para los malos.

Corre, salta, vuela en busca del veneno allí donde se encuentre. Puede tardar segundos o puede tratarse de una búsqueda prolongada. 

Ha sido entrenada para encontrar veneno allí donde esté, ya sea sobre cebos cárnicos o en el interior de botes en naves de aperos. Se trata en la mayor parte de los casos de compuestos tóxicos enormemente letales y de tenencia ilícita ya retirados del mercado. Los envenenadores clásicos utilizan sustancias prohibidas como aldicarb o carbofurano preferentemente. 

También sabe cómo encontrar sustancias tóxicas ilegales en el interior del vehículo del sospechoso. Ha hecho diana así en muchas ocasiones.

Sigue buscando de manera incansable con el hocico pegado al suelo. Si ha olido veneno en el ambiente,  solo es cuestión de tiempo porque lo acabará encontrando.

... y sigue buscando

.... hasta que por fin da con lo que buscaba. En esta ocasión Cleo ha encontrado un cebo impregnado en aldicarb. Ahora se sienta y reclama la llegada de José Luis, que la observa con atención para interpretar sus gestos.

Una vez marcado el hallazgo se pone muy nerviosa. Necesita llamar la atención de José Luis y de inmediato comienza a ladrar para que él acuda cuanto antes.

Una vez detectados elementos que indiquen la comisión de un delito en el medio natural, Cleo se retira y cede el paso a los agentes de la autoridad para que inicien las investigaciones oportunas. En Andalucía son nuestros Agentes de Medio Ambiente o el SEPRONA de la Guardia Civil.

Y esto es lo que Cleo espera cada vez que acierta: su premio en forma de juguete. Es su recompensa y lo que espera ansiosa siempre que hace diana. José Luis saca su juguete y se lo lanza para que se relaje por unos instantes. Está tan excitada que José Luis tiene de ser precavido y no llevarse un mordisco involuntario. Una vez yo me llevé uno que atravesó mi bota y me hizo una herida que tardó días en cerrar.

Tras unos minutos de juego y desconexión, Cleo vuelve. Necesita más acción. Ahora se inicia otra búsqueda, tantas como veneno haya que buscar o según el grado de cansancio y concentración de los perros y del adiestrador.

Otra vez vuelta al trabajo. Es lo que verdaderamente sabe hacer.

Por desgracia nuestros campos tienen veneno. Menos que hace años, pero más de lo que nos gustaría. Ahora ha encontrado los restos de un zorro que llevaba unas semanas muerto por ingerir cebos.

Cleo y José Luis terminan la jornada agotados. Ha sido otro día más de enorme exigencia física y concentración.


En el medio natural el boca a boca funciona tan rápido como internet y conocidos envenenadores que durante años habían actuado impunes por las dificultades en hallarles pruebas, optaron por cesar en sus actividades ilegales ante la certeza de ser descubiertos por el olfato de Cleo. Solo la idea de que la UCE podría aparecer en cualquier momento y por sorpresa, disuadió a no pocos envenenadores clásicos de seguir haciendo de las suyas. Como anécdota, recuerdo la que tal vez haya sido la inspección más corta de la historia. En una ocasión tras un aviso de urgencia, la Unidad fue requerida a un lugar remoto donde los agentes retenían a un sospechoso de colocar veneno. Después de un largo viaje de cinco horas desde el otro extremo de Andalucía, no fue necesario que José Luis sacase a Cleo del vehículo para resolver el problema. Desde el mismo remolque la perra se mostró decidida, indicando que no habíamos venido en vano. José Luis leía a la perfección los gestos de Cleo y en apenas unos segundos le dijo al sospechoso que la perra indicaba en qué dirección y a qué distancia se encontraban los cebos, su número y la cantidad de veneno que portaban. El presunto delincuente quedó impresionado y acogiéndose a las ventajas de cooperar con los agentes en la investigación, confesó los hechos sin argumentos a los que aferrarse. Los abogados y jueces hicieron el resto; el hombre fue condenado y, que sepamos, no ha vuelto a aparecer veneno en la zona.

Esta es una de las pocas ocasiones en las que he perdido el control en el ejercicio de mi profesión. Durante una inspección hace ya unos años, Cleo nos ayudó a encontrar a este mastín a punto de morir de hambre. El delincuente lo tenía amarrado a una cadena. La cadena solo le permitía un movimiento limitado, más allá del cual le dejaba comida que no podía alcanzar. Era una forma cruel de torturar al animal hasta matarlo de hambre. Socorrimos al animal, cuyo aspecto era más parecido al de un galgo. A veces hay mucho hijo de puta suelto por el medio y eso es con lo que hay que lidiar cuando sales ahí fuera.

Con independencia de lo que nos depare el futuro, Cleo ha sido la perra más leal y eficaz en cuanto a detección de veneno en el medio natural. No es una afirmación gratuita en absoluto, puesto que así lo certifican las exigentes pruebas selectivas de control de calidad y certificación a las que la Estrategia Andaluza de Lucha Contra el Veneno somete regularmente a todos sus perros, como condición esencial para formar parte de las UCE. No se admiten candidatos que no superen la puntuación mínima del 80% de un examen múltiple. Solamente Cleo obtuvo con regularidad prácticamente el 100% durante los años en los que estuvo activa. Estas cifras indican que nuestra heroína es estadísticamente uno entre aproximadamente 2000 perros, algo que en la actualidad creo que solo podría ser igualado por Tietar, un magnífico pastor belga antiveneno de la UCE de la Guardia Civil, pero de estos otros amigos hablaremos otro día.

Hoy toca diversión. Cleo hace una demostración ante especialistas de varios países durante la primavera de 2013.

Con el paso de los años una combinación afortunada de varios factores acabó generando un descenso apreciable del uso de veneno en Andalucía y aunque es injusto achacar este logro únicamente a las UCE de la Consejería (o de la Guardia Civil), lo cierto es que la leyenda de Cleo trascendió las fronteras de nuestro país. Cuando contaba con casi nueve años de edad, Cleo había recibido visitas de expertos de Italia, Francia, Macedonia, Portugal, Grecia, Reino Unido, Alemania, Suiza, Austria, Bulgaria, EEUU, Canadá, Etiopía, Kenia, Sudáfrica, Namibia, Botswana, Nigeria y Marruecos, que querían comprobar de primera mano sus capacidades. Tal vez las dos visitas más llamativas fueron las de dos delegaciones procedentes de la Administración israelí y de una conocida ONG internacional con sede en Reino Unido. Algo de incredulidad les había hecho coger un vuelo desde Tel Aviv y Edimburgo respectivamente, para conocer qué parte era real y cuál una invención fruto del boca a boca. La delegación británica comenzó sometiendo a Cleo y el resto de los perros a sencillas pruebas de simulación de detección de venenos habituales. Con los visitantes como observadores, nosotros tomábamos una cantidad de veneno en un cebo convencional y lo íbamos escondiendo en diferentes lugares por los que posteriormente se realizaba una inspección lo más real posible. Según superaba una prueba, se iba incrementando progresivamente el grado de dificultad; primero a la vista, luego en el interior de un tronco hueco, en la guantera de un vehículo,… Como de costumbre acertaba en el blanco en pocos instantes, provocando en los visitantes cierta sospecha de que el adiestrador conocía dónde habíamos escondido previamente el veneno (algo que ha sucedido en otras ocasiones por adiestradores ajenos a las UCE andaluzas). Llegados a este punto decidimos darles a los británicos la oportunidad de dictar las normas y dirigir la prueba ellos mismos. Aceptaron satisfechos y desde luego no iban a ponerlo nada fácil. Nos alejaron del lugar y nos pidieron un frasco estéril de orina. Utilizando guantes limpios de nitrilo, lo desprecintaron de la bolsa de plástico y en su interior introdujeron únicamente dos gránulos de aldicarb con un peso de 3 miligramos sin cebo cárnico asociado. Cerraron el bote herméticamente con los dos gránulos en su interior y lo escondieron en un lugar fuera de la vista ¡Ojo! para que te hagas una idea, un cebo habitual en el campo suele contener entre 40 y 400 gránulos y estos se colocan por los envenenadores bien expuestos al aire para que la fauna los pueda encontrar fácilmente. Una vez escondido el bote los observadores nos llamaron para que la perra hiciera su trabajo; yo personalmente pensaba que una situación así no era real en el campo y por lo tanto Cleo no la superaría; nunca se había hecho nada parecido. Sin embargo una vez más Cleo lo logró, para sorpresa de todos, José Luis incluido.

Si no conoces el aspecto de un cebo envenenado, este es uno más o menos bien cargado. La sustancia granulada es el veneno y solo unos 5 ó 6 gránulos pueden matar a una persona. Los delincuentes los colocan expuestos al aire en el campo para que los animales a los que van dirigidos los puedan encontrar fácilmente.

Estos son los dos únicos gránulos de aldicarb, introducidos en el interior de un bote de orina estéril y cerrado herméticamente, que fue utilizado por la delegación británica en la prueba a la que sometieron a Cleo. Contra todo pronóstico fue capaz de superar el reto. 

Los dos héroes de la jornada posan orgullosos tras un día de trabajo bien hecho.

Y así es como durante casi doce años tuvo una intensa vida llena de aventuras y centenares de inspecciones en sus peludas patas, con miles de km recorridos por toda la geografía andaluza. Nuestra perra retiró del campo una ingente cantidad de cebos envenenados, lo que supuso salvar decenas de miles de vidas de especies de todo tipo, incluidas las humanas. José Luis y Cleo nos han dejado un mundo más seguro y se han ganado un puesto entre los héroes que hacen que hoy sigamos teniendo linces, imperiales, quebrantahuesos y milanos en las salvajes Tierras del Sur.

Esta imagen es muy reciente y la última vez que la vi con vida. Días después mi vinculación profesional con ella tocó a su fin, después de más de una década juntos. En esta foto la perra está visiblemente envejecida y aún así sigue reclamando la atención de José Luis para iniciar una nueva inspección y buscar veneno. Fue una perra de carácter durante toda su vida, como muy pocos perros. 

En julio de 2017 Cleo nos dejó, trabajando incansablemente hasta el que prácticamente fue el último día de su vida.

Me ha costado más de un año reunir las fuerzas suficientes para escribirle este tributo a mi compañera y a José Luis.
Por todo esto, a Cleo, a los casi cincuenta perros de las UCE, a sus adiestradores, José Luis, Raúl (CAMOT) y Dani (Guardia Civil) y a mis hermanos-amigos de la Estrategia de Veneno, gracias por mostrarnos que los verdaderos héroes no van cubiertos de capa, sino de sudor, barro, polvo y con las pezuñas agrietadas por el árido suelo de Andalucía.

Cleo y yo (Foto de Guy Shorrock, Wildlife Crime Unit-RSPB).

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