domingo, 22 de marzo de 2020

No te conformes con ver lobos, siéntelos

Nadie le hace sombra; ningún animal suscita pasiones o aversiones ancestrales como este. Solo mencionar su nombre levanta comarcas enteras en pie de guerra y hace temblar a las administraciones públicas desde Portugal hasta Rusia y desde Noruega hasta Italia. Nunca una especie fue tan incómoda, ni su existencia tan odiada. Y aún así el lobo se las arregla para sobrevivir. Mientras haya lobos, una parte de la humanidad luchará para exterminarlos, mientras la otra se dejará el pellejo por evitarlo. He querido conocerlos y para ello he buscado a la persona indicada.

No los había visto en mi país; había tenido encuentros alucinantes años atrás en Canadá, pero apenas sabía nada de los nuestros. Tenía que poner fin a esta situación y para ello nada mejor que recurrir a uno de los grandes: Pepe España. Conocí a Pepe ¡hace casi treinta años!, porque estábamos en la misma clase en la facultad. A ambos nos unía dedicarnos a la conservación de la fauna, igual que hacemos hoy. También teníamos en común, en quinto de biológicas, a un profesor de zoología de vertebrados tan entrañable como exigente y estricto, quien de alguna manera forjó nuestras carreras profesionales y el resto de nuestras vidas.

Lobo Ibérico (Canis lupus signatus). No precisa presentación, ni para sus defensores, ni para sus detractores. La subespecie ibérica es diferente a las otras en muchos aspectos, lo que la convierte en única. 

Pepe es del tipo de personas que merece la pena conocer, porque es una bellísima persona y porque regala esa tranquilidad que todos necesitamos cuando hablamos de lobos: mientras él esté ahí, es muy probable que sigan existiendo, sencillamente porque ha consagrado toda su vida a conservarlos. Pepe regenta, junto con otro grande entre grandes, Ángel Iglesias, una iniciativa preciosa llamada Signatur, una puerta maravillosa para adentrarte en el mundo más secreto del lobo ibérico, nuestro lobo, ese mismo del que nos hablaba Félix. Posiblemente de las personas que más saben de este bicho en nuestro país.

Pepe no lo dudó un instante y nos invitó a unirnos a uno de los cursos de ecología y conservación de la especie que imparten en la Sierra de la Culebra, y allí que nos fuimos hacia finales del mes de septiembre. No se trataba solo de ver lobos en su medio, sino de comprenderlos para quererlos y para lograrlo este equipo era el mejor.

Amanece en la Sierra de la Culebra (Zamora) en una mañana del mes de septiembre. A pesar del frío, venimos preparados para encontrarnos con el lobo.

Los paisajes matinales del entorno son mágicos, como todo aquello que tiene que ver con esta especie.

Los cursos de Signatur sobre lobo ibérico tienen lugar en el mismo entorno rural donde vive la especie; duran tres intensos días, comenzando con unas clases teóricas y talleres sobre la especie, su evolución, ecología, comportamiento y problemática, con el extraordinario rigor académico heredado de nuestro viejo profesor en la Universidad y al mismo tiempo con la cercanía que solo ellos son capaces de transmitir. Luego tocaban varias horas de rastreo en el campo.

Una vez empapados de todo lo que necesitábamos saber, llegó la hora de hacerse al monte, de ir en su busca. Previamente nos habían advertido de que no resultaría fácil. Sencillamente porque no es un zoológico y, especialmente, porque el lobo es y seguirá siendo lobo porque evita las vistas. Por lo general prefiere ver y no ser visto, está escrito en su ADN. Así pues llegamos a lo alto de una loma. Había mucha gente, de muchos lugares, apostados con catalejos y prismáticos para encontrarlos cuando apenas empezaba a despuntar el alba. Todos en silencio, pero con la emoción que se siente cuando buscas a la criatura más denostada del planeta y a la vez más enigmática, mucho más que linces, leones o guepardos.

Hábitat lobero en La Culebra.

A diferencia del resto de las personas que nos habíamos congregado en esa fría madrugada, nosotros contábamos con nuestra arma secreta, Pepe y Ángel, pero aún nos aguardaba otra sorpresa: Juan Pablo Martín “Chona” para los colegas. Un profesor y naturalista zamorano que vine en zona de, por y para el lobo. Chona, como Pepe y Ángel, es mitad persona, mitad lobo y es tal vez el mejor conocedor de la especie en cuanto a vivencias acumuladas. Algunos de los que estábamos en el curso lo llegamos a apodar “un buen libro con patas”.
El frío era considerable, especialmente si vienes de una tórrida Sevilla de final del verano, y con las primeras luces aún despuntando, Ángel, Chona y Pepe no tardaron en ponernos el corazón en la boca: ¡lobo! En ese momento se paró el tiempo. Los problemas cotidianos, el cansancio del viaje y hasta el frío habían desaparecido; era como, de repente, entrar en un cine con una pantalla gigante en el que eres tú el único espectador, desconectado del resto.

Ver lobos ibéricos en este lugar garantiza evitar molestias a las manadas. Se les observa desde la distancia y con lentes potentes. No se trata por regla general de observaciones a corta distancia. Cuanto menos molestemos, mejor.

El pimer lobo. Un joven sale al camino. Lejos para la cámara, pero estupenda visión con un telescopio. Adrenalina pura.

Tras el primero llegaron muchos más, durante muchas horas y hasta en tres esperas distintas. Todas positivas y a cual mejor. Eso sí, no tengo la menor duda que si vengo solo no me como una rosca. Mejor con quienes saben y te explican bien qué es lo que estás viendo.

El hombre-lobo. Pepe España. Uno de los grandes, como persona y por su incuestionable labor en la conservación de la especie en España desde hace tres décadas.

Juan Pablo Martín, "Chona". Otra genialidad de esas que se producen una vez cada muchos años. Con gran probabilidad el mejor conocedor del lobo en la Sierra. Un lujazo conocerlo. 

El Maestro. Ángel Iglesias. Veterinario y especialísta en la especie. Junto con los dos anteriores, el mejor equipo que puedes encontrar para mostrarte los secretos siempre bien guardados del lobo ibérico. 

Machos alfa, jóvenes, hembras, en grupo, solitarios, cachorros, reproductores, flotantes, …, durante las dos jornadas siguientes pudimos observarlos a placer y disfrutarlos durante horas y en prácticamente todas las facetas de la biología que les puedes ver hacer en esta época del año.
Si bien es cierto que he visto linces a una distancia menor a la que me permitía enfocar mi lente de 200mm, por el contrario has de hacerte a la idea de que los lobos en La Culebra son escurridizos, gracias a lo cual existen. Aparecen repentinamente en la distancia y con la misma facilidad se desvanecen entre los brezos para reaparecer cientos de metros más adelante, atravesando algún carril o jugando con los otros lobos del clan. Contar con nuestros tres hombres-lobo marcaba la diferencia. A pesar de considerar que no se me da mal encontrar fauna de este tipo, he de reconocer que sin ellos habría visto tal vez un 25% de lo que vimos y, sin duda alguna, no habríamos sido capaces de interpretar lo que teníamos delante. No es lo mismo.

Un momento del curso que Signatur imparte y al cual nos apuntamos, junto con un magnífico grupo de personas interesadas en la especie.

El curso comienza con unas charlas y talleres donde el material gráfico y biológico forma una parte esencial de la metodología didáctica. Muy buenos profesionales.

Una huella de lobo, como parte del material didáctico.

El curso se complementa con salidas al campo para aprender a rastrear los indicios de presencia. En este caso un excremento.

Ángel nos enseña a identificar una huella. 

La huella.

Y otra. La densidad de lobos en la zona es verdaderamente alta. Hemos venido al lugar adecuado.

Pepe y Ángel nos tienen como locos buscando huellas y rastros de presencia. Lo pasamos como enanos.

En un momento dado, en la lejanía, vimos a una señora mayor paseando sola por los caminos. La manada la detectó a unos 500m de distancia y se dirigió hacia ella con determinación. Cada lobo iba separado del otro a unos 40m, en una envolvente invisible para la mujer. Por un momento me alarmé y miré preocupado a Pepe; él me devolvió la mirada y con una sonrisa malévola me hizo un gesto que claramente indicaba que siguiera mirando por la lente. Los lobos se acercaron a la anciana ocultos por el matorral y la rodearon a unos escasos metros sin que ella se percatara. Olieron el aire que desprendía la mujer y con el mismo sigilo se alejaron en busca de un grupo de ciervos que pastaba a un km de donde se encontraban. En el camino la manada se dio de bruces con una vaca, a la que igualmente ignoraron; solo les interesaban los ciervos, pero no el ganado ni las personas. Aquello me llamó bastante la atención, porque no encajaba con las historias a las que estamos acostumbrados.

Pepe, Ángel y Chona nos contaron miles de anécdotas fascinantes. Si la manada es estable y se la deja en paz, el macho alfa conoce bien cuáles son las presas que tiene que abatir, siempre evitando el conflicto con los humanos. Los problemas vienen cuando mediante una actividad cinegética mal gestionada, se da muerte al animal equivocado, el macho dominante, que es el trofeo que todos buscan para decorar su comedor. La pérdida del líder desestructura el clan de inmediato y es entonces cuando los individuos descontrolados matan indiscriminadamente al ganado y cualquier presa fácil. Es así como la leyenda negra se consuma: el lobo solo es bueno cuando está muerto. La ignorancia hace el resto.

Un lobo en medio del brezal, su hábitat natural en la zona. Este individuo tiene pelaje de verano.

Una loba joven patrullando el territorio en busca de comida.

A diferencia de la foto anterior, este macho presenta el pelaje invernal, más denso y largo que el estival.

Volvimos de La Culebra con la mochila llena de vivencias entre lobos. Hoy, meses después aún me sigo preguntando si Ángel, Pepe y Chona son en realidad humanos, o como sospeché desde el primer momento, en realidad se trata de tres lobos que adoptaron forma humana para enseñarnos que solo llegaremos a conservar aquello que llegaremos a conocer.
Qué, ¿te vienes a ver lobos?

No te lo voy a contar. Mejor cómpralo. Es la Biblia del lobo Ibérico, escrito por Pepe, su hermano Ángel y Ángel Iglesias. Cuando los compré, apenas tardé una semana en leerlos. Una joya.

Este es el libro que Chona acaba de publicar. Aún no lo he conseguido, pero este cae esta misma semana, coronavirus-mediante.

Un lujazo y un momento entrañable reencontrarme con mi compi Pepe, tras casi treinta años. Gracias Pepe por tu trabajo, tu cariño y tu hospitalidad.. 

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